Reseña | "All the Walls Came Down" de Ondi Timoner

ALL THE WALLS CAME DOWN



SINOPSIS

Después de perder su hogar en el incendio de Eaton de 2025, Ondi Timoner gira la cámara hacia ella misma y sus vecinos, revelando profundas desigualdades raciales y económicas expuestas por el desastre que desciende sobre Altadena, California.


RESEÑA

All the Walls Came Down, el cortometraje documental de Ondi Timoner, tiene un título con un doble significado, y quiero empezar mi reseña escribiendo esto porque es lo que más resonó conmigo. Me explico. Perder la casa en un incendio no es sólo perder un espacio físico, sino también la idea de refugio, la ilusión de permanencia y la certeza de que hay un lugar al que siempre se puede volver. El fuego no arrasa únicamente con paredes y techos, sino con los pequeños rituales de lo cotidiano, con los objetos que sostenían la memoria y con la sensación íntima de seguridad. De pronto, todo lo que parecía sólido se vuelve ceniza, y uno entiende que el hogar era mucho más frágil de lo que creía.

Sin embargo, aunque las paredes cayeron, como el título sugiere, también las barreras: en medio de esta devastación surge un consuelo extraño, profundamente amargo... el encuentro con otros que han perdido lo mismo; personas que también vieron cómo el fuego les borraba el pasado y les robaba también el futuro inmediato. En esa pérdida compartida se construye un vínculo fuerte, casi irrompible, una comunidad que nace más de la necesidad que el deseo, y qué bendición que así sea. Hay algo profundamente humano en reconocerse en el dolor ajeno, en saberse acompañado en la desgracia. El "yo" se desvanece y aparece un "nosotros" que sostiene cuando todo lo demás colapsa.

Pero no hay que olvidar: All the Walls Came Down no es una obra concebida desde la distancia ni desde la comodidad de la retrospección; es una película hecha con las manos aún cubiertas de ceniza, con la herida abierta y con el pulso tembloroso de quien filma no para explicar, sino para no desaparecer; porque ese lazo comunitario, por más poderoso que sea, está marcado por una sombra inevitable: la comunidad se forma a partir de una tragedia que nadie eligió, y cada gesto de solidaridad lleva consigo el recuerdo de lo que se perdió, y también de lo que está por perderse, a menos que alguien haga algo. Cada abrazo es también un recordatorio de la violencia del fuego. No hay celebración posible en ese encuentro, sólo resistencia. Es una unión que duele profundamente, porque su origen es la destrucción.

El punto de partida es brutal en su sencillez: Timoner pierde su hogar en los incendios que devastaron Altadena, California. Pero lo que el filme propone no es un ejercicio de duelo privado ni una elegía autorreferencial. Por el contrario, su mayor gesto ético es desplazar rápidamente el centro de gravedad individual al colectivo. Lo que arde no es sólo una casa, sino la ilusión de que las instituciones, el progreso o la estabilidad económica pueden protegernos de un colapso que ya está aquí, sucediéndonos.

Desde sus primeras imágenes, All the Walls Came Down entiende que el desastre no termina cuando el fuego se apaga. El verdadero trauma comienza después: en la burocracia que no responde, en los seguros que no alcanzan, en las personas que envejecen esperando justicia, en la amenaza silenciosa del desplazamiento. Timoner filma las ruinas sin morbo ni espectáculo en los restos calcinados, sólo una constatación incómoda: la pérdida es total, pero no equitativa.



El cortometraje adquiere una potencia extraordinaria cuando introduce a Heavenly Hughes y a la organización My TRIBE Rise. En ella, el documental encuentra su columna vertebral moral. Hughes no es presentada como una heroína tradicional, sino como algo más complejo y más real: una mujer que actúa porque nadie más lo está haciendo. Su presencia revela una incomodidad que atraviesa todo el documental: cuando el Estado falla, la comunidad no "ayuda", sino que sustituye al Estado. Y en ese reemplazo hay dignidad, pero también una acusación implícita.

Uno de los grandes logros del filme es su claridad política sin caer en lo trivial. All the Walls Came Down habla de racismo estructural, de desigualdad histórica, de gentrificación y de capitalismo depredador, pero lo hace desde los cuerpos concretos que lo padecen: familias negras con décadas de arraigo en Altadena ven cómo el fuego no sólo destruye sus casas, sino que amenaza con borrar su derecho a permanecer. El documental entiende que el desastre climático no es "natural": es una fuerza que amplifica injusticias preexistentes.

Y lo más inquietante es la conciencia de que esta historia no es excepcional. El incendio no es sólo un accidente aislado, sino un síntoma de algo mayor: el cambio climático convierte estas tragedias en amenazas constantes, en posibilidades latentes que pueden repetirse una y otra vez. La pérdida deja de ser un hecho único para transformarse en un amargo presagio. Vivir después del incendio implica cargar no sólo con el duelo, sino con el miedo de que vuelva a ocurrir.

Formalmente, el documental adopta una estructura orgánica, casi respiratoria. Comienza en el duelo personal, se expande hacia los vecinos, y termina abrazando a toda una comunidad que se organiza para no ser expulsada de su propia historia. Esta expansión no se siente calculada, sino inevitable, como ondas que se propagan después de una explosión. Timoner demuestra aquí una madurez notable como cineasta: sabe cuándo intervenir y cuándo desaparecer detrás de la cámara, cuándo convertir su voz en guía y cuándo permitir que otros hablen con urgencia.

Hay, además, y volviendo a lo que escribí al inicio, una dimensión profundamente simbólica que atraviesa el cortometraje. El título (All the Walls Came Down) no alude únicamente a las paredes físicas que el fuego derribó, sino a las barreras invisibles que suelen separar a los individuos: la privacidad, la indiferencia, el aislamiento moderno. En la catástrofe, esas paredes caen también. Lo que queda es una comunidad forzada a mirarse, a reconocerse y a cuidarse. Es una revelación dolorosa, pero también luminosa.



El cortometraje encuentra un equilibrio difícil entre desesperanza y posibilidad. Su esperanza es frágil, colectiva y profundamente humana. Está en los encuentros, en las comidas compartidas, en las cartas escritas, en la organización comunitaria que se resiste a desaparecer. No es una esperanza ingenua, sino una que sabe que el futuro será arduo, pero insiste en construirse de todos modos. All the Walls Came Down no sólo documenta una tragedia; la transforma en un acto de resistencia. Es cine que duele porque entiende que mirar es una forma de responsabilidad. Timoner no filma para cerrar una herida, sino para impedir que el mundo la ignore.

Cuando termina, queda la sensación de haber sido testigos de una obligación moral, porque después de ver este documental, ya no es posible fingir que el fuego ocurrió lejos, que no nos concierne, que las paredes que aún nos rodean son permanentes. Algún día también caerán. La pregunta es si, cuando eso ocurra, tendremos una comunidad esperándonos del otro lado.


EQUIPO

Written & Directed by Ondi Timoner

Produced by Ondi Timoner, Eli O. Timoner & Maggie Contreras

Edited by Ondi Timoner & Jesse Gordon

Score by Morgan Doctor

Executive Producers - Shawn Lacy, Noam Murro, Lauren Lexton, Jill Mazursky, Chris Albert, Ondi Timoner

Co-Executive Producer - Julie Morris

Directors of Photography - Elle Schneider, Jendra Jarnigan, Jackson James & Nicholas Kraus

Primary Camera - Eli O. Timoner

Tintype Portraits by Sunny Mills

Story Producers - Sydney Linden & Eli O. Timoner

Associate Story Producer - Paul Stavropoulos

Finishing Producer - Jordana Freydberg

Associate Producers - Zach Marks, Erin Sheridan & Elle Schneider