Reseña | "Bad Hostage" de Mimi Wilcox

BAD HOSTAGE



SINOPSIS

Después de que mi abuela fuera tomada como rehén, conmocionó a su pequeño pueblo al declarar que se había sentido más amenazada por la policía que por los hombres que la mantuvieron cautiva —y no fue la única mujer en decirlo ese año. Un electrizante relato familiar se entrelaza con el célebre secuestro de Patty Hearst y un dramático asalto a un banco en Suecia en esta investigación sobre los orígenes perniciosos del llamado Síndrome de Estocolmo.


RESEÑA

El llamado "Síndrome de Estocolmo" es uno de esos conceptos que sobrevivieron más por su potencial narrativo que por su solidez científica. Nació como una etiqueta cómoda para explicar algo que, en realidad, resulta profundamente incómodo: la complejidad de las reacciones humanas frente al miedo extremo, la violencia y la asimetría absoluta de poder. Al nombrarlo como "síndrome", se clausura la pregunta y se tranquiliza la conciencia colectiva: si la víctima "desarrolla apego" hacia su agresor, entonces el problema está en ella, en su mente confundida y no en la situación límite que la obliga a adaptarse para sobrevivir.

Bad Hostage no es un documental sobre secuestros. Es un documental sobre el lenguaje con el que el poder nombra a las víctimas y, al hacerlo, las reduce. Es un film que desmonta una idea tan arraigada que rara vez se cuestiona: que el llamado "Síndrome de Estocolmo" explica el comportamiento de mujeres atrapadas en situaciones extremas. Mimi Wilcox demuestra que ese concepto no sólo es insuficiente, sino profundamente injusto.

El punto de partida del cortometraje es íntimo y doméstico: una conversación entre la directora y su abuela, quien fue tomada como rehén en su propia casa en 1973, junto a sus hijos. Pero lo que comienza como una indagación familiar pronto se expande hacia algo mucho más amplio y perturbador. La historia de esta mujer inteligente, serena y estratégica no encaja con el relato oficial que la policía esperaba de ella. No fue una "damisela en peligro", no fue una víctima pasiva, no reaccionó con pánico ni obedeció el guion que otros habían escrito para su cuerpo y su rol. Y por eso fue castigada.



Wilcox articula su documental alrededor de una idea demoledora: en múltiples casos históricos, las mujeres rehenes se sintieron menos amenazadas por quienes las capturaron que por las autoridades que supuestamente iban a rescatarlas. La experiencia de su abuela dialoga con la de Kristin Enmark (cuya situación dio origen al término "Síndrome de Estocolmo") y con la de Patty Hearst, quizá el caso más perversamente malinterpretado de todos. Tres mujeres distintas, en contextos distintos, que dijeron esencialmente lo mismo: la policía no estaba tratando de salvarlas; estaba tratando de ganar.

Bad Hostage observa con precisión cómo el Estado, cuando se siente desafiado, puede perder rápidamente de vista a las personas concretas que dice proteger. Los hijos, la mujer, la vida misma se vuelven daños colaterales aceptables frente a la obsesión por capturar, castigar o eliminar al enemigo.

Volviendo a lo que escribí al inicio, el Síndrome de Estocolmo parte de una idea profundamente simplista del vínculo humano: que sentir empatía, gratitud momentánea o incluso lástima hacia quien ejerce poder sobre ti es, en sí mismo, una patología. Pero lo que suele interpretarse como "amor al agresor" es, muchas veces, una estrategia de supervivencia. El cerebro humano, enfrentado a una amenaza constante, busca reducir el daño, leer señales, establecer microalianzas, aferrarse a cualquier gesto que sugiera una posibilidad de vida. No es una traición a uno mismo; es una respuesta adaptativa ante el terror. Llamar a eso "síndrome" equivaldría a patologizar la resiliencia humana.

El caso de Patty Hearst es especialmente revelador en este sentido. Convertida por la fuerza en cómplice, fue luego transformada por la narrativa oficial en amante, traidora, colaboradora voluntaria. El documental muestra con claridad escalofriante cómo esa doble violencia (la del secuestro y la del discurso público) terminó por borrar cualquier posibilidad de empatía hacia ella. Cuando la policía disparó contra una casa y le prendió fuego sin saber si Patty estaba dentro, lo que quedó claro fue que su vida nunca fue el objetivo principal. El objetivo era imponer autoridad.



Wilcox no filma desde la acusación. Su mayor logro es la claridad moral sin estridencia. El montaje, preciso y elocuente, equilibra material de archivo, entrevistas y reflexión sin subrayados innecesarios. Wilcox confía en la inteligencia del espectador y, más aún, en la potencia de las propias voces femeninas que recupera. No hay aquí romanticismo hacia los captores, pero tampoco una aceptación acrítica del relato policial. Lo que hay es algo mucho más complejo: la constatación de que la racionalidad, la empatía y la estrategia de estas mujeres fueron malendentidas porque no coincidían con la narrativa del poder.

Y es aquí donde Bad Hostage se vuelve verdaderamente incisivo. El llamado "Síndrome de Estocolmo" aparece no como una explicación sólida, sino como una etiqueta. Reduce una toma de decisiones compleja, inteligente y profundamente humana a una caricatura: "las víctimas se enamoran de sus captores". El término no escucha a las mujeres; las silencia. No intenta comprenderlas; las invalida. Funciona menos como diagnóstico y más como castigo simbólico por no haber actuado como se esperaba de ellas. El concepto desplaza la responsabilidad. Al poner el foco en la supuesta confusión emocional de la víctima, se diluye la violencia estructural y se suaviza la figura del agresor. Se sugiere, de manera implícita, que la víctima "no odiaba lo suficiente", o "no intentó escapar", entonces algo en ella falló.

La pregunta que el documental deja flotando es tan simple como radical: "¿qué ocurre cuando una mujer decide sobrevivir usando su inteligencia, su empatía y su lectura precisa del peligro?". Me hace pensar, ¿por qué eso resulta más inaceptable que la obediencia ciega o el pánico?, o ¿por qué el sistema parece preferir a una víctima muerta antes que a una mujer viva que contradiga el relato oficial? Esta lógica ha sido especialmente dañina en casos de violencia de género, donde el término se ha usado para cuestionar testimonios, invalidar denuncias y exigir a las víctimas un comportamiento "correcto" que, en la práctica, ignora el miedo, la dependencia económica, el aislamiento y el control psicológico.

En ese sentido, el síndrome de Estocolmo no sólo es un concepto inadecuado y pasado de moda; es una coartada; una forma elegante de no enfrentar la brutalidad del poder, la violencia y el miedo. Superarlo implicaría algo más difícil que acuñar nuevos términos: implicaría escuchar sin juzgar, comprender sin simplificar y, sobre todo, dejar de exigirle heroicidad a quienes apenas lograron sobrevivir.

Bad Hostage es un documental extraordinario porque no sólo revisa el pasado, sino que ilumina el presente. Sus implicaciones van mucho más allá de los secuestros de los años setenta. Habla de misoginia institucional, de cómo se construyen los relatos oficiales, de la facilidad con la que se desacredita a quien sobrevive de una manera incómoda. Habla, en última instancia, de quién tiene derecho a contar su propia historia. Pocas veces un cortometraje documental logra ser tan elegante, tan perturbador y tan necesario al mismo tiempo. Bad Hostage exige que desaprendamos... que volvamos a mirar... que escuchemos, por fin, a las víctimas sin reducirlas. Y que aceptemos que, a veces, el verdadero peligro no está donde siempre nos dijeron que miráramos.


EQUIPO

Directed and Produced by Mimi Wilcox

Producer - Max Asaf

In Association with The Film Fund

Contributing Producer - Tom Verdi

Editor - Mimi Wilcox

Consulting Editor - Nyneve Minnear

Original Score - Olivier Manchon, Clare Manchon

Director of Photography - Victor Tadashi Suarez

Motion Designer - Alosha Robinson

Sound Design and Re-Recording Engineer - Mark Bandy

Colorist - Luz Marina Zamora

Featuring - Michaela Fessier Garloff (Madden), Bill Madden, Kate Simonton, Sally Madden, Eva Madden

Archival Producer - Max Asaf