Reseña | Children No More: "Were and Are Gone" de Hilla Medalia
CHILDREN NO MORE:
"WERE AND ARE GONE"
SINOPSIS
En Tel Aviv, activistas se reúnen semanalmente para expresar su oposición a la guerra genocida en Gaza con una vigilia silenciosa por los niños asesinados por Israel. Su protesta, considerada una traición por muchos, es un acto de desafío que llama a confrontar una realidad que no debemos ignorar.
RESEÑA
Ser niño debería ser una condición inviolable. No una etapa frágil expuesta al cálculo político, ni una vida suspendida de la voluntad de adultos que deciden quién merece protección y quién puede ser sacrificado. Un niño no entiende de fronteras, banderas ni venganzas históricas; entiende de manos que cuidan, de voces que nombran, de un mundo que debería ser seguro por definición. Cuando un niño es violentado (cuando muere bajo una bomba, de hambre, de miedo) no fracasa sólo un sistema, fracasa la idea misma de humanidad. Fracasamos todos. Porque no hay causa, amenaza ni discurso que vuelva aceptable el asesinato de alguien que apenas estaba aprendiendo a existir.
La razón de esta realidad obscena no es la guerra en sí, sino lo que la sostiene: la capacidad adulta de justificar lo injustificable. Los niños mueren porque se les convierte en cifras, porque su dolor no genera réditos, porque su rostro no encaja en una narrativa conveniente. Mueren porque el mundo aprendió a mirar hacia otro lado sin sentir vergüenza. Y mientras sigamos llamando "inevitables" a sus muertes, mientras sigamos jerarquizando el valor de unas infancias sobre otras, no será sólo que los niños estén en peligro: será que hemos aceptado vivir en un mundo donde su desaparición ya no nos obliga a detenerlo todo.
Children No More: "Were and Are Gone", el documental dirigido por Hilla Medalia, es inseparable de este dilema moral, porque no se experimenta como una obra que se "consuma", sino como algo que se atraviesa incómodamente, como si el espectador estuviera invadiendo un espacio que no le pertenece del todo: un duelo, una vigilia, una herida abierta.
Dicho esto, lo que vemos es, en apariencia, mínimo: un grupo de ciudadanos israelíes se coloca en silencio en distintos puntos de Tel Aviv. No bloquean calles, no corean consignas, no buscan provocar. Sostienen fotografías. Fotografías de niños palestinos asesinados en Gaza por el gobierno de Israel. Nombres, edades, rostros. Algunos apenas bebés. Otros ya con la expresión sombría de quien empezaba a entender la realidad injusta del mundo. Y otros, quizá los más devastadores, sin rostro alguno, porque no quedó nadie que pudiera rescatar una imagen suya. Ni siquiera eso.
Desde ese gesto elemental, el documental despliega una densidad ética que necesitaría de horas para comprenderse del todo. Porque el silencio sostenido y deliberado no es neutral: es una toma de posición radical en un país donde todo exige alineamiento, grito y consigna. Aquí, el silencio busca paz y verdad.
Medalia entiende algo fundamental: que la guerra no sólo se libra con las armas, sino también con las narrativas; y que una de las narrativas más eficaces es la que convierte la muerte en estadística, el dolor en abstracción y la responsabilidad en algo siempre desplazable. El documental trabaja en contra de eso. No discute cifras: las vuelve insoportables. Frente a la inmensidad del horror, se niega a competir en el terreno de los números... prefiere el rostro, el nombre propio, la singularidad del ser humano, sea de la nacionalidad que sea.
Ver a estas personas inmóviles sosteniendo imágenes mientras alrededor se desata el ruido produce una sensación difícil de describir. Es la conciencia de que el conflicto no es sólo geopolítico, sino profundamente moral; de que no se trata únicamente de territorios, seguridad o historia, sino de la pregunta más básica posible: ¿qué vidas merecen ser lloradas?
Uno de los pilares del discurso que justifica la devastación de Gaza es el de la autodefensa. Se repite como una convicción casi santa y todo el mundo lo hemos oído: Israel tiene derecho a protegerse. Y es cierto que todo Estado tiene derecho a proteger a su población, pero el documental no discute el derecho; discute el costo de ese ejercicio del derecho. Y más aún, discute la mentira que se esconde cuando la palabra "protección" involucra la muerte sistemática de civiles.
¿Qué significa protegerse cuando el resultado es la destrucción casi total de una población entera? ¿Qué se protege exactamente cuando los cuerpos que se amontonan para pudrirse son, mayoritariamente, los de niños, mujeres y hombres inocentes... familias enteras? Children No More deja estas preguntas sobre la mesa, donde resultan imposibles de ignorar, porque no hay argumento estratégico a favor del gobierno de Israel que sobreviva al rostro de un niño muerto. Simplemente no hay justificación que no se quiebre frente a esa evidencia.
El cortometraje también desmonta otra coartada frecuente: la idea de que la violencia está dirigida exclusivamente contra Hamás, no contra la población palestina. Las imágenes y las ausencias de tantas personas cuentan otra historia. Escuelas, hospitales, campos de refugiados, zonas supuestamente seguras. Y, sobre todo, una generación entera marcada física y psicológicamente por un asedio que no distingue combatientes de civiles. Esa desproporción no es accidental; es el corazón mismo del problema. La respuesta se vuelve masiva, sostenida y devastadora, por lo que deja de parecer una respuesta y pareciera más una política de aniquilación.
Lo que vuelve al cortometraje particularmente poderoso es que esta crítica no viene desde fuera. No es una voz extranjera señalando con el dedo, ni un ejercicio de superioridad moral. Es una fractura interna: son ciudadanos israelíes diciendo, con el cuerpo y no con los gritos: esto NO se hace en nuestro nombre.
Por eso mismo la reacción en el propio Israel es tan violenta. Los insultos que reciben los manifestantes no son improvisados; parecen más bien implantados, enseñados... "Traidores", "vergüenza", "¿por qué no muestran a nuestros muertos?". No es sólo rabia; a mí me parece más como el miedo. Miedo a que esa narrativa se quiebre. Miedo a mirar de frente lo que se ha normalizado.
Medalia filma estos enfrentamientos sin subrayarlos, sin manipularlos, o dramatizarlos. La cámara observa, permanece cerca, pero nunca explota el dolor o hace creer al espectador más de lo que ya muestra con evidencia. Esa contención es la clave de todo: Children No More confía en que la inteligencia moral de quien mira sabrá discernir.
Para mí, lo más devastador es pensar que no hay fotos de todos los niños. Familias enteras borradas, como si no hubieran existido. Borrados su legado, historia, patrimonio e identidad. Archivos inexistentes. Memoria aniquilada. En respuesta, los activistas dibujan flores. Este es un gesto que podría parecer ingenuo, pero que adquiere un peso simbólico inmenso: el duelo inventa otras formas porque, incluso cuando no queda rastro, alguien insiste en recordar.
Children No More también apunta a un fenómeno más amplio: la autocensura. No la censura impuesta por un régimen autoritario, sino la que nace del miedo, la costumbre o, me temo, de la comodidad. Gaza, nos dice el documental sin decirlo, no desapareció sólo por las bombas; desapareció de las pantallas, de los titulares, de las conversaciones. Y lo más perturbador es que esa desaparición no fue forzada, sino consentida.
En ese sentido, Children No More: "Were and Are Gone" trasciende el conflicto específico que documenta. Habla de un mundo cada vez más incapaz de escuchar al otro, de sostener una diferencia sin convertirla en enemistad, de sentir compasión sin condiciones. El silencio de los manifestantes se convierte entonces en una lección que va más allá de Israel y Palestina: frente a la violencia, a veces la respuesta más radical no es gritar más fuerte, sino negarse a participar del ruido.
No hay en el film una promesa de reconciliación, ni una solución clara. El documental toma partido, sí, pero no desde la ideología, sino desde la ética más elemental: la vida de un niño no es negociable. No es un daño colateral. No es una estadística. No es el precio inevitable de nada.
Lo más trágico y perverso de las acciones del gobierno israelí es que están produciendo exactamente lo contrario de aquello que dicen defender. En nombre de la seguridad y de la memoria histórica del pueblo judío, se ha normalizado una violencia que no protege, sino que contamina; que no aísla el odio, sino que lo reproduce y lo expande. Al borrar la distinción entre un Estado, un gobierno y una identidad milenaria atravesada por el dolor, estas políticas están alimentando una confusión peligrosa: permiten que el antisemitismo resurja, no porque sea legítimo (nunca lo es), sino porque el mundo asiste a crímenes de guerra cometidos en su nombre mientras judíos inocentes, dentro y fuera de Israel, son ignorados o silenciados cuando dicen "¡NO!". La violencia contra civiles palestinos no es una válvula de escape: es una olla de presión moral e histórica que sigue acumulando resentimiento, trauma y rabia. Y cuando estalle, porque siempre estalla, no distinguirá culpables de inocentes. Esa es la ironía más cruel: al insistir en la fuerza como único lenguaje, se está sembrando un futuro aún más inseguro, donde pagarán, una vez más, quienes nunca empuñaron un arma ni tomaron una decisión.
Children No More: Were and Are Gone no busca absolver ni condenar a Israel. Busca algo mucho más difícil: rescatar la humanidad allí donde el lenguaje oficial ha fracasado. Es cine documental como acto de duelo, como resistencia íntima, como recordatorio brutal de que ninguna bandera vale lo que una vida infantil. Y que cuando una sociedad necesita llamar traidor a quien llora a los niños del "bando rival", lo que está defendiendo no es su seguridad, sino su incapacidad de mirar el horror que ha aceptado como normal. Es un documental pequeño en duración y enorme en consecuencias. Una obra que no se olvida, porque no permite la comodidad del olvido.
EQUIPO
Director and Producer - Hilla Medalia
Producers - Sheila Nevins, Yael Melamede
Executive Producers - Libby Lenkinski, Avner Shahaf, Siobhan Sinnerton, Vesna Cudic, Hayley Reynolds
Co-Producer - Mariel Ostrower
Medalia Productions / Salty Features / Full Story Films / Albi Fund Institute Lab / Sky
Editor - Erez Laufer
Director of Photography - Avner Shahaf
Original Score - Daniel Markovich
Sound - Elad 'Goldie' Goldberg, Tully Chen
Sound Design and Mix - Ami Arad
Double Bass - Daniel Sonabend
Color Grading - Assaf Arviv
Design and Graphics - Adam Lewensohn
Poster - Michael 'Mysh' Rozanov
Additional Cinematography - Omer Manor, Zvi Landsman
Additional Sound Recording - Chaim Meir
Additional Editing - Miri Laufer
Drone Footage - Aviv Atlas
Associate Producers - Marissa Heringer, Maria Ionova
Salty Features Interns - Idone Rhodes, Oliver Sahlman
Full Story Films Production Executive - Helen Swindells
Post Production Producer - Mariel Ostrower
The Bubble Edit & Post Production - Amir Sevilla, Hadas Kastenbaum
Translation - Susy de Lowe
Post Production Studios RGB Post-Production - Aharon Peer, Zion Mark, Joshua Peer
Sound Editing - Tamar Golan
Sound Studios D.B. Studios-Gil Toren - Ronit Shalvi, Moshiko Moshe
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