Reseña | "Jane Austen's Period Drama" de Julia Aks y Steve Pinder

JANE AUSTEN'S PERIOD DRAMA



SINOPSIS

Inglaterra, 1813. En medio de una esperada propuesta de matrimonio, a la señorita Estrogenia Talbot le viene la regla. Su pretendiente, el apuesto señor Dickley, confunde la sangre con una herida, y pronto queda claro que su costosísima educación ha dejado algo sin cubrir.


RESEÑA

La menstruación es uno de los actos más naturales del cuerpo humano y, sin embargo, ha sido tratada como un secreto, como si la sangre que no proviene de una herida tuviera algo de indecoroso, algo que avergüenza... y en Jane Austen's Period Drama, el cortometraje de Julia Aks y Steve Pinder, se toma uno de los universos más pulcros, contenidos y simbólicamente "limpios" de la cultura occidental para introducirle eso mismo, aquello que siempre estuvo ahí pero nunca fue nombrado.

Porque el mundo de Jane Austen es, entre muchas otras cosas, un mundo construido sobre silencios. Silencios sobre el deseo, sobre el cuerpo y la femineidad, que debía ser impecable, controlada y sin filtraciones. En ese contexto, la menstruación bien debió haber sido peligrosa, porque recordaba que debajo del corsé había carne, había materia viva. El cortometraje entiende perfectamente esto, y decide atacar justo ahí, pero no desde el escándalo, sino desde la ironía y el humor. La sangre aparece no como tragedia, sino como interrupción cotidiana, como algo que arruina el vestido blanco y, con él, la fantasía.

Y lo brillante es que el humor no banaliza la experiencia, sino que desnuda el artificio. Al reír, comprendemos lo absurdo del pacto colectivo que exigía a las mujeres sangrar en secreto para sostener una idea que nunca fue natural. La risa se vuelve una forma de crítica histórica: si esto resulta gracioso hoy, es porque ayer fue injustamente solemne.

Este cortometraje comienza como una pieza de época cuidadosamente contenida y termina revelándose como un acto de valentía narrativa. Bajo la apariencia de una comedia de modales, con diálogos afilados y nombres que rozan la caricatura y el doble sentido, se esconde una reflexión ferozmente lúcida sobre el silencio, el cuerpo y la pedagogía emocional que nuestra sociedad se niega a impartir.

La escena inicial promete lo de siempre: una confesión amorosa, un orden social rígido, una mujer obligada a escuchar con decoro... todo parece moverse dentro de los márgenes seguros del melodrama romántico, pero entonces irrumpe la sangre.



En ese punto, el cortometraje demuestra una comprensión finísima del tabú. El problema no es la crueldad explícita, sino la ignorancia bienintencionada; no la violencia directa, sino la mentira piadosa; no el odio, sino la incomodidad transmitida como herencia. Los personajes secundarios reaccionan con pánico, con negación, con torpeza, y lo hacen de una manera tan exagerada como reconocible. La risa que provocan es incómoda porque nos delata: nos reímos porque hemos estado ahí, porque hemos visto (o participado) en esa maquinaria de silencios.

La protagonista se convierte, casi sin proponérselo, en un acto de resistencia pedagógica. Su decisión de nombrar, explicar y detallar lo que ocurre en su cuerpo no es una provocación, sino honestidad. El cortometraje entiende que explicar lo básico puede parecer obsceno sólo en una cultura que ha decidido no saber; y en ese sentido, la pieza no habla únicamente de menstruación, sino de todo aquello que se considera "demasiado" cuando en realidad es simplemente real.

Formalmente, la obra es precisa. El ritmo sabe cuándo acelerar hacia el absurdo y cuándo detenerse para dejar que una frase caiga con todo su peso histórico. La música final, deliberadamente anacrónica, expande ese tono, conecta el pasado con el presente y deja claro que lo que acabamos de ver no es una anécdota victoriana, sino un eco que llega hasta nuestros días.

La ignorancia masculina no es presentada como maldad, sino como resultado lógico de un sistema que excluye. El film juega con esa ingenuidad de forma brillante, porque funciona en dos niveles: como exageración contemporánea y como posibilidad histórica. En un periodo donde los temas del cuerpo femenino se discutían, si acaso, a puerta cerrada, resulta verosímil que un hombre creciera completamente ajeno a esos procesos. El filme se permite esa ambigüedad, y en ella encuentra su potencia cómica y crítica.

Para mí, la elección del mundo de Jane Austen es la cereza del pastel. Austen fue, en su tiempo, una observadora mordaz de las convenciones sociales, una cronista de la hipocresía elegante. Situar esta historia en un universo que ella misma habría reconocido, y probablemente satirizado, convierte al cortometraje en un diálogo espiritual con su obra. Además, la estética de las adaptaciones clásicas de los años noventa y principios de los dos mil aporta una riqueza visual que no es mero ornamento: los paisajes, los vestidos, la composición cuidada refuerzan el contraste entre la belleza superficial del mundo representado y la pobreza emocional de su educación corporal.



El trabajo actoral sostiene con precisión ese equilibrio delicado entre farsa y verdad. La decisión de que la propia guionista interprete a Essie añade una capa adicional de honestidad: las palabras escritas y las palabras dichas nacen del mismo lugar. Aunque el reto de actuar y dirigir simultáneamente es evidente, el cortometraje se beneficia de una confianza creativa absoluta entre sus codirectores. Esa complicidad se traduce en una puesta en escena segura, donde cada interpretación parece empujar el material un poco más allá de lo previsto, enriqueciéndolo.

Quizá uno de los gestos más conmovedores del filme sea la reacción del personaje masculino central. No es perfecto, no es un héroe ilustrado, pero escucha. Quiere entender. El amor, parece decirnos la película, no consiste en evitar lo incómodo, sino en enfrentarlo juntos. Que una comedia llegue a una conversación tan seria sin perder ligereza explica su gran reconocimiento. Pero más allá de premios, Jane Austen’s Period Drama funciona como una declaración de intenciones: una muestra clara de un tono autoral que apuesta por lo absurdo, lo tierno y lo doloroso al mismo tiempo.

Al terminar, uno comprende que muchas cosas siguen siendo indecibles no porque sean imposibles de nombrar, sino porque nadie nos enseñó cómo hacerlo. Esto suena como una tontería, pero lo digo desde el fondo de mi corazón: estoy seguro que, de estar viva, Jane Austen habría amado este cortometraje, porque pretende lo mismo que ella pretendió con su obra: decir la verdad del mundo, defender la inteligencia moral de las mujeres, criticar al matrimonio sin destruirlo, preservar la dignidad en un mundo limitado y usar la ironía como arma ética.




REPARTO

Julia Aks, Lachlan Ta'Imua Hannemann, Samantha Smart, Nicole Alyse Nelson, Hugo Armstrong, Marilyn Brett, Dustin Ingram


EQUIPO

Written & Directed by Julia Aks & Steve Pinder

Produced by Elli Legerski

Cinematography - Luca del Puppo

Production Design - Dong Lei

Costume Design - Paula Higgins, Barrett Hutchinson

Music by Alex Winkler

Sound Supervisor - Darren Augustus

1st Assistant Director - Cutter White

2nd Assistant Director - Emily Hansen

Additional Camera Operator - William Christensen

First Assistant Camera - Karla Christensen

First Assistant Camera - Filipp Penson

Second Assistant Camera - Ryan Sokolov

Stills Photographer - Mige Gan

Script Supervisor - Sean D. Nguyen

Gaffer - Anthony Boyd

Best Electric - Peter Nile

Key Grip - Keith Shattle

Best Grip - Diego Patino

G&E Swing - Han Radjawane, Gabor Kovacs

Animal Wrangler - Javier Aguilar

American Humane Association Onsite Rep - Cheryl Alderson

Location Site Manager - Harrison Cade

Location Site Manager - Sarah Camp

Recordist & Mixer - Darren Augustus

Boom Operator - Adriano Aiello

Boom Operator - Brian Johnson

Post Sound - Darren Augustus

Art Director - Armaan Pujani

Art Director - Yajie Qin

Leadman - Jonric Huang

Costume Supervisor - Shirin Enayati

Key Hair - Celeste Gonzalez

Key Makeup - Alicia Rodriguez

Hair & Make-up Assistant - Deserea Parrish

Editors - Julia Aks, Steve Pinder

Colorist - Andrew Francis

Visual Effects - Conor C. Long

Casting Associate - Sam Everett Baker

Dialect Coach - Jonah Lees

Key Set Production Assistant - Sydney Barbera

Production Assistant - Tyler Gillentine