Reseña | "The Pearl Comb" de Ali Cook

THE PEARL COMB



SINOPSIS

En 1893, la entrañable esposa de un pescador de Cornualles captó la atención de la profesión médica al ser la primera persona en curar a alguien de tuberculosis. Un médico fue enviado a investigar su milagrosa afirmación, empeñado en demostrar que el lugar de la mujer está en el hogar y no en ejercer la medicina...


RESEÑA

El mito de la sirena persiste en nuestras mentes porque no es un monstruo que irrumpa desde lo ajeno, sino desde lo familiar. En el folclor británico, la sirena no es un ornamento marino ni una fantasía amable, sino una frontera viva entre lo humano y lo inhumano, entre el deseo y su castigo. Nos atrae porque nos reconoce y canta en nuestro idioma emocional.

The Pearl Comb no adapta el mito de la sirena, sino que lo invoca y, a diferencia de las otras versiones que la modernidad explotó, la sirena de The Pearl Comb no busca amor, su canto no es romántico, es funcional; canta para que alguien se acerque, para que olvide el horizonte y mire hacia abajo, hacia el agua oscura. No persigue, espera.



Pero, empecemos desde el principio. Desde los primeros momentos, el paisaje establece las reglas: Cornualles no es una postal, sino el límite de ella, lleno de acantilados, bruma, viento constante; es un lugar liminal, ni tierra ni mar, donde lo humano pierde estabilidad. La premisa, en apariencia sencilla, se despliega con una elegancia engañosa. Un médico llega a investigar a una mujer que parece curar lo incurable, y en ese gesto racional, casi burocrático, el film comienza a tensarse. No tarda en revelarse que el verdadero conflicto no es sólo entre ciencia y superstición, sino entre control y misterio, entre el deseo masculino de clasificar el mundo y la imposibilidad de hacerlo sin violencia. Aquí, Betty, nuestra protagonista, vive sin ser plenamente aceptada ni plenamente rechazada. Como las figuras que se encuentran con sirenas en leyendas, ella ya está sola antes de que lo sobrenatural aparezca desde el mar.

Y el mar, en el imaginario británico, nunca fue un escenario de belleza pasiva, sino sustento, tumba, frontera y amenaza. Las sirenas nacen de ese mar áspero, impredecible e indómito. Por eso son aterradoras: porque encarnan la verdad que la costa conoce bien: que la naturaleza no hace negocios. La sirena aparece antes del naufragio, no después. Es un presagio, no una consecuencia. La sirena nunca irrumpe en una vida plena, y es aquí cuando el cortometraje entra en una lógica profundamente folclórica: nada es gratuito, nada es inocente; todo favor tiene un precio, aunque no siempre se cobre de inmediato. El don de curar no es una bendición divina, sino un préstamo que acumula intereses.

Esto es crucial: la sirena no aparece como maldad omnipresente, sino como economía moral: cura porque puede, pero exige porque debe. La sangre, la energía vital, la atención. El terror ya no está en el acto, sino en la inevitabilidad.

La figura de la sirena es, quizá, el mayor acierto conceptual del cortometraje. Lejos de la iconografía popular, The Pearl Comb recupera su raíz primitiva: la sirena como promesa y como amenaza, como belleza que no existe para ser poseída. Cook no la presenta como un monstruo ni como un objeto de deseo, sino como una criatura que obedece a una lógica distinta, anterior.



The Pearl Comb nace del cruce entre el folclore marítimo y un episodio histórico real: el de las primeras mujeres médicas británicas del siglo XIX, conocidas como las Edinburgh Seven, a quienes se les negó el derecho a ejercer pese a su formación. Este doble origen, mítico e histórico, dota al relato de una densidad simbólica notable, donde la fantasía no funciona como evasión, sino como una herramienta para revelar estructuras de poder profundamente arraigadas.

Cook ha señalado en diversas entrevistas que su interés no reside en oponer ciencia y superstición de manera simplista, sino en explorar la violencia implícita de una mirada racional que necesita desacreditar aquello que no controla, especialmente cuando ese saber proviene de una mujer. En este sentido, el personaje del médico no es un villano convencional, sino el retrato de una época: un hombre convencido de su superioridad moral e intelectual, incapaz de concebir que el conocimiento pueda existir fuera de los márgenes institucionales que él representa.

The Pearl Comb surge también de una sensibilidad autoral muy particular. Su director, guionista y protagonista, Ali Cook, proviene de un territorio híbrido poco habitual en el cine: es ahora director, pero también actor, escritor y hasta mago profesional. Esta formación no es un dato anecdótico, sino una clave de lectura del cortometraje. Cook entiende la narración como un acto de ilusión cuidadosamente construido, donde el impacto no depende del truco en sí, sino de su encuadre, de su ritmo y de la fe momentánea que el espectador deposita en lo que ve.

Desde el punto de vista técnico, The Pearl Comb es un cortometraje ambicioso. El uso del agua, los efectos visuales y la construcción de la figura de la sirena implican riesgos que muchos cineastas evitarían en formatos breves. Sin embargo, apuesta por la sugerencia antes que por la exhibición, utilizando los efectos como una extensión del relato y no como un fin en sí mismo. Esta decisión refuerza la sensación de estar ante una historia que se intuye más de lo que se muestra, como ocurre con las auténticas leyendas transmitidas de boca en boca.



Visualmente, el cortometraje es de una coherencia admirable. La fotografía privilegia los silencios, los cielos abiertos, los cuerpos pequeños frente a un entorno que los supera. Las secuencias acuáticas y las visiones submarinas parecen no obedecer al asombro digital, sino a lo onírico, como recuerdos más que como imágenes explícitas.

Pero donde The Pearl Comb se eleva por encima de un ejercicio estilístico es en su dimensión política y humana. El film habla de mujeres y conocimiento, que curan y por ello son sospechosas, de una medicina que pretende ser objetiva mientras se construye desde el prejuicio. Todo esto está ahí, nunca impuesto, nunca didáctico. La historia entiende que el pasado no necesita ser explicado; basta con ser mostrado. Y en ese mostrar hay una incomodidad fértil, una invitación a mirar sin la condescendencia de la distancia histórica.

El final, sobrio y resonante, cierra el círculo sin clausurarlo. Como las mejores leyendas, se nutre de la ambigüedad de su final, de la sensación persistente de haber sido testigos de algo que no nos pertenece del todo. The Pearl Comb no es sólo un cortometraje de horror folclórico ni una reivindicación de la figura de la sirena en su dimensión más oscura. Es una reflexión sobre el miedo que provoca aquello que no puede ser nombrado ni domesticado. Un film que entiende que el verdadero terror no vive en el monstruo, sino en la mirada que insiste en llamarlo así. Sea el "monstruo" la sirena o el poder femenino.


REPARTO

Beatie Edney, Ali Cook, Simon Armstrong, Clara Paget, Roxana Cook, Thomas Stocker


EQUIPO

Written & Directed by Ali Cook

Produced by Matthew James Wilkinson & Ross Williams

A Stigma Films Production

Associate Producers - Patrick Tolan, Amy Lockley & R. Paul Wilson

Editor - Sadaf Nazari

Line Producer - Antonio Austoni

Director of Photography - Dave Miller

First Assistant Director - Nick Justin

Costume Designer - Constance Woods

Production Designer - Isabel Pirillo

Hair & Make Up Designer - Scarlett O'Connell

Music - Clark

Casting Director - Grace Evans