Reseña | "The Voice of Hind Rajab (صوت هند رجب)" de Kaouther Ben Hania
THE VOICE OF HIND RAJAB
صوت هند رجب
SINOPSIS
29 de enero de 2024. Voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada de emergencia. Una niña de 5 años está atrapada en un coche bajo fuego en Gaza, suplicando que la rescaten. Mientras intentan mantenerla en línea, hacen todo lo posible por enviar una ambulancia hasta ella. Su nombre era Hind Rajab.
RESEÑA
A veces, cuando el ruido del mundo es muy pesado para mí, me detengo y pienso en lo más simple y lo más terrible: el papel del niño en el futuro. Yo trabajo como profesor, y es algo en lo que pienso muy seguido, cada veo a la cara a mis alumnos. Los niños no eligieron bando, no entienden fronteras, no saben qué es una ocupación ni un bloqueo ni una respuesta proporcional. Sólo saben que tienen hambre, que tienen miedo, que preferirían jugar, que llaman a su mamá cuando algo les duele. Y de pronto, por decisiones tomadas en despachos muy lejanos, por estrategias trazadas sobre mapas, su mundo se apaga.
Hind Rajab tenía cinco años. Estaba en la Clase Mariposa. Le gustaba colorear. Preguntó muchas veces por qué nadie venía a buscarla mientras estaba rodeada por los cadáveres de su familia. Su voz, pequeña y temblorosa, quedó grabada para siempre, y aun así, el silencio que siguió después fue mucho más grande.
Pero Hind no está sola. Hay miles de niños como ella en Gaza y en otros rincones del planeta donde los adultos resolvemos nuestros conflictos arrojando bombas, imponiendo sanciones o mirando hacia otro lado. Niños que mueren bajo escombros, que se ahogan en el Mediterráneo, que son secuestrados para tráfico, que sufren en el desierto, que huyen de guerras que no empezaron y que crecen (si tienen suerte) con un trauma que ninguna infancia debería cargar.
Lo peor es convertir esas muertes en estadísticas, en daños colaterales, en algo inevitable cuando se habla de defensa o seguridad. Pero un niño muerto nunca es colateral; un niño muerto es el centro de todo lo que falla en nosotros como especie, porque ellos no pueden defenderse; no votan, no protestan en plazas, no escriben artículos de opinión, ni hacen reseñas... Pienso en eso casi todos los días y me pregunto qué clase de mundo les estamos dejando. Qué clase de mundo les estoy dejando. ¿Uno en el que su vida vale menos según el lugar donde nacieron, según el pasaporte que nunca tendrán, según la bandera que ondea sobre los escombros de su casa...? Me queda claro que los verdaderos perdedores de todas las guerras no son ni los ejércitos ni los gobiernos; son estos niños que nunca tuvieron la oportunidad de elegir nada y que, sin embargo, pagan el precio más alto.
The Voice of Hind Rajab es una película que más bien funciona como una elegía austera e implacable a las últimas horas de una niña. No es una película que simplemente relate una tragedia; te sumerge en una realidad asfixiante y te obliga a aguantar el peso de la inacción en un mundo que jura "valorar la vida", pero que desvía la mirada. Está basada en los acontecimientos del 29 de enero de 2024 en Gaza, y reconstruye las llamadas de emergencia realizadas por Hind Rajab, una niña palestina de cinco años atrapada en un coche acribillado a balazos después de que su familia fuera atacada mientras huía siguiendo instrucciones militares del Ejército de Israel. Sus tíos y primos murieron en el acto, pero Hind, escondida entre sus cuerpos, suplicó por teléfono a los trabajadores de la Media Luna Roja Palestina a unos 80 kilómetros de distancia.
—Están muertos —lloró—, tengo mucho miedo, por favor vengan.
Durante horas, los operadores la mantuvieron en línea, preguntándole por su escuela, rezando con ella y guiándola en ejercicios de respiración mientras su voz se apagaba hasta que se quedó callada. Una ambulancia, finalmente enviada tras esquivar un laberinto de autorizaciones, fue bombardeada a pocos metros del coche, matando a los paramédicos y dejando a Hind muriendo lentamente. Solamente 12 días después pudieron recuperar los cuerpos.
Kaouther Ben Hania, a quien admiro desde hace ya cinco años como cineasta y como persona, difumina con maestría los géneros documental y ficción, y este docudrama híbrido honra el audio real, pero dramatiza los esfuerzos frenéticos de la central de llamadas. Ambientada en su totalidad en la sala de operaciones de la Media Luna Roja, The Voice of Hind Rajab transforma un único lugar en una olla a presión de emociones, y la cinematografía de mi hermano latinoamericano Juan Sarmiento imita el cine vérité documental, evitando la belleza artificiosa para que la voz resuene. También en ese estilo está el diseño sonoro, que rechaza limpiar los ruegos de Hind, manteniendo la estática, las grietas y la imperfección cruda en un intento de preservación de la autenticidad del terror.
El casting es muy minucioso: todos son actores palestinos que tienen bien marcados sus roles en la acción: Saja Kilani encarna la resiliencia silenciosa de Rana, con ojos llenos de un dolor no verbal mientras calma a Hind por teléfono; Motaz Malhees aporta una volatilidad enorme a Omar, explosivo en su frustración pero tierno al hacer preguntas para mantener a Hind despierta. Amer Hlehel transmite un pragmatismo cansado, mientras que Clara Khoury añade una capa de compasión terapéutica. Ben Hania ha dicho en entrevistas que evitó ensayos con el audio, por lo que lo que vemos son actores que escucharon la voz de Hind durante el rodaje y sus reacciones son genuinas, no caricaturas. Fueron algo así como recipientes para personas reales.
Éticamente, la película es una cosa muy compleja. Entiendo todos los puntos a favor y en contra de ella y los expongo así: dramatizar una tragedia tan reciente siempre va a invitar al escrutinio. Habrá quienes pregunten si es demasiado pronto o si la reconstrucción es una especie de explotación.
Empecemos por lo positivo, que es donde Ben Hania pone el énfasis y donde, en mi opinión, la película brilla más. Una de las grandes fortalezas éticas es su compromiso con el consentimiento y la colaboración genuina. Ben Hania no se aventó a rodar así como si nada; contactó primero a la madre de Hind, y sólo procedió con su bendición explícita. Hablaron durante horas sobre Hind como persona, no como víctima o cifra. Los trabajadores de la Media Luna Roja también fueron socios activos: compartieron recuerdos, validaron detalles y revisaron el guion. Esto para mí, evita que la película sea un acto voyerista; en cambio, pareciera ser más un tributo colaborativo. Otro aspecto positivo es cómo fomenta la empatía y la justicia. Es una película que usa el cine y su alcance para combatir el olvido que generan las redes sociales y la sobresaturación de información, que deshumanizan a las víctimas y las reducen a números sin rostro.
Pero no todo puede ser positivo; hay implicaciones negativas que pueden surgir de la película y son tan válidas como cualquier opinión o interpretación de la audiencia. Una de las principales es el riesgo de caer en la "fetichización" de la violencia al dramatizar una tragedia tan reciente, que puede convertir un dolor fresco en entretenimiento. Al ver la película, ¿no estamos consumiendo sufrimiento ajeno desde nuestras salas de cine acolchonadas, sintiéndonos buenos por empatizar? ¿Es ético escuchar la voz real de una niña suplicando por su vida, exponiéndola a pesar de ser algo tan íntimo? Esas son preguntas que me podrían hacer detenerme y reflexionar.
En resumen, las implicaciones éticas de The Voice of Hind Rajab son un espejo de nuestra constantemente peleada sociedad: positivas en su poder para humanizar, recordar y abordar la justicia; negativas en el riesgo de revictimizar o polarizar. Para mí, el balance se inclina hacia lo positivo porque no contar estas historias es ser cómplice del silencio. En mi México, tenemos un dicho que no tiene nada que ver con Palestina, pero sí con nunca olvidar a las víctimas y a su legado: "El 2 de octubre no se olvida", y creo fielmente en eso. Perfectamente puede aplicarse a Hind: "La voz de Hind no se olvida".
Temáticamente, la película es una combinación de impotencia tejido con hilos de heroísmo. Los trabajadores de la Media Luna Roja encarnan un valor silencioso, habiendo perdido varios colegas en el conflicto. Sus testimonios moldearon la narrativa: por qué una ambulancia a ocho minutos tardó horas en salir o la negación tras el bombardeo... Es una tragedia definida por la espera: minutos que pasan mientras las autorizaciones reptan por la Cruz Roja Internacional hasta las autoridades israelíes, cada retraso un clavo más en el ataúd de Hind.
Personalmente, ver esta película removió en mí una introspección profunda. Pensé en mi propia vida cómoda, desplazándome por horrores y tragedias, sintiendo ese dolor fugaz antes de pasar página y continuar con mi vida cotidiana. La obra de Ben Hania como que te despoja de ese lujo; no es “disfrutable”, como advierte, sino esencial. Para mí, es casi como ver The Zone of Interest; estás viendo dos películas al mismo tiempo: la que está grabada y la que te imaginas, y la segunda se siente más, te persigue más, te revuelve el estómago más.
En última instancia, The Voice of Hind Rajab es un llamado a la acción disfrazado de arte. Un ajuste de cuentas moral, poética en su dolor, inteligente en su acusación, exigiendo que escuchemos para no olvidar nuestra humanidad compartida. Ojalá algún día nos avergoncemos lo suficiente como para parar. Ojalá los nombres de las víctimas nos persigan hasta que dejemos de repetir los mismos errores. Porque mientras haya un solo niño muriendo por problemas que no son suyos, ninguno de nosotros puede decir que vive en un mundo civilizado.
REPARTO
Saja Kilani, Motaz Malhees, Clara Khoury, Amer Hlehel
EQUIPO
Written & Directed by Kaouther Ben Hania
Produced by Nadim Cheikhrouha
Produced by Odessa Rae, James Wilson
Executive Producers - Elizabeth Woodward, Brad Pitt, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Jonathan Glazer, Alfonso Cuarón, Guillaume & Sarah Rambourg with the Support of The Rambourg Foundation, Sawsan Asfari, Ramez & Tiziana Sousou, Jemima Khan, Amed Khan, Jorie Graham, Geralyn Dreyfous, Regina K. Scully, Mohannad Malas, Common Pictures, Frank Giustra, Andy Nahas, Farhana Bhula, Ali Jaafar, Samar Akrouk, Hana Al-Omair, Hamza Ali, Badie Ali, Karim Ahmad, Michella Rivera-Gravage, Francesco Melzi D'Eril, Gabriele Moratti, Idris Mokhtarzada & Haroon Mokhtarzada, Rostam Zafari
Co-Executive Producers - Stephanie & Erik Nadi Olson, Sabine Getty, 1888 Films, Frank Barat,
A Mime Films & Tanit Films Production
In Cooperation with the Palestine Red Crescent Society
In Association with Film4, MBC Studios, Amed Khan Foundation, Stichting Giustra International Foundation, Watermelon Pictures, Utopia Studios, PFF, World Within Studios, Memo Films, Sunnyland Film as a member of A.R.T. Group, Rasha Mansouri Elmasry & Hassan Elmasry, Raefilm Studios, JW Films, Willa, Plan B, Valentine
With the Contribution of Tunisian Ministry of Cultural Affairs - Fund for the Promotion and Investment in Literary and Artistic Creativity
Director of Photography - Juan Sarmiento
First Assistant Director - Marie Fischer
Editors - Qutaiba Barjamji, Maxime Mathis, Kaouther Ben Hania
Production Sound Mixer - Amal Attia
Sound Editor - Elias Boughedir
Sound Designer - Gwennole Le Borgne, Marion Papinot
Re-Recording Mixer - Lars Ginzel
Music by Amine Bouhafa
Production Designer - Bassem Marzouk
Costume Designer - Khadija Zeggaï
Colorist - Philipp Orgassa
Line Producer - Lina Chaabane Menzli



