Reseña | "El Bar de Hernando" de Andrés Bernal y María Gómez
EL BAR DE HERNANDO
SINOPSIS
Yiyo trabaja como bartender en un bar de salsa, pero esta noche, antes de empezar su turno, se enamora de una mujer que ya había estado allí antes. Tras darse cuenta de lo tímido que es y de su torpeza con otra mujer durante la noche, debe dar el siguiente paso y salir de su zona de confort cuando se da cuenta de que podría tener una oportunidad con Celia, la mujer de sus sueños.
RESEÑA
“Imagina que vives en una historia romántica. ¿Cómo te
imaginas que sucederá?” Lo más probable es que a quien sea que le hagas esa
pregunta, responda con protagonistas que no pierden el amor por una traición, o
tal vez protagonistas cuya distancia es insalvable, pero no su cariño; tal vez
la respuesta incluya giros del destino… Pero pocas veces se habla del amor que se
pierde por un hecho más silencioso: el de lo no dicho, lo no hecho, lo
postergado. En ese tipo de historias, los protagonistas son personajes que
sienten con intensidad, pero cuya vida emocional ocurre, casi por completo, en
la imaginación. Desde ahí construyen versiones idealizadas de la persona que
aman, vínculos que nunca terminan de existir fuera de su propia mente.
En ellos, el conflicto no es externo, sino profundamente
íntimo, sin antagonistas claros ni obstáculos evidentes; hay, en cambio, una
acumulación de dudas, miedos y expectativas que crecen hasta volverse inmóviles.
Cuando finalmente intentan acercarse, ya no lo hacen desde la posibilidad, sino
desde el peso de todo lo que no ocurrió. Y entonces, inevitablemente, fracasan.
No porque el amor fuera imposible, sino porque nunca se permitió ser real…
Hasta ahora.
Porque El Bar de Hernando, el luminoso cortometraje de
Andrés Bernal y María Gómez, nos muestra la noche en la que todo eso cambia. Yiyo,
un dulce y tímido bartender, encarna justamente esa forma particular de tragedia:
la de quien no es rechazado por el otro, sino limitado por sí mismo. Su
historia no trata sobre la pérdida de una relación, sino sobre la imposibilidad
de construirla. Y ese vacío revela una de las caras más incómodas del amor:
aquella en la que sentir no basta, y donde no arriesgarse también es una forma
de perder.
El cortometraje arranca en pleno apogeo. La salsa suena fuerte, la pista está llena de gente que baila como si no hubiera un mañana, amigos que se abrazan, risas que se mezclan con el olor a ron y Coca-Cola. Afuera, en la fila, dos mujeres comentan lo de siempre: que aquí al menos los hombres saben moverse, pero una de ellas, Celia (interpretada por Osmara Rojas), cruza mirada con un tipo que entra. Nada más. Pero esa mirada basta para que el resto de la noche gire alrededor de ella. Ese es Yiyo, interpretado por Nicolás Marín.
Marín no hace trucos de actor: camina con los hombros un poco encorvados, limpia vasos como si fuera lo único que sabe hacer bien, y cuando una cliente le pide una cubalibre, se queda congelado. Es la torpeza de alguien que de verdad no sabe cómo dar el siguiente paso. Martín, su amigo detrás de la barra (encarnado por Tomás Mejía) lleva la cuenta: “ya van cinco”. Yiyo sólo asiente. Es en esos detalles donde el cortometraje respira. No necesitamos un monólogo interno; vemos cómo se le tensa la mandíbula cada vez que otro hombre saca a bailar a la mujer que le gusta.
Lo que sigue es una cadena de pequeños desastres que
cualquiera que haya intentado ligar en un bar reconocerá. Yiyo se arma de
valor, se acerca trago en mano y termina tirándoselo encima a Paula (hilarantemente
interpretada por MJ García), la amiga de Celia. Ella, con el escote empapado, no
tiene más remedio que aceptar tragos gratis. Pero luego viene el momento en que
Celia y Yiyo se quedan solos en la barra. Silencio incómodo. Miradas que se
desvían. Ella nota el tatuaje de orquídea en su antebrazo, pregunta, y él responde
con frases cortas, casi murmuradas. La conversación avanza a trompicones:
Colombia, la finca de la abuela, las orquídeas… Nada épico. Sólo dos personas
intentando no sonar idiotas.
Bernal, que además es director de fotografía, filma todo
esto con una cámara que parece moverse con los mismos nervios de los
personajes. Los planos en las secuencias de baile no son un alarde técnico,
sino la forma en que el cortometraje te mete dentro de la música. Los cuerpos
sudan, los pasos se desfasan un segundo y luego se encuentran. La iluminación
cálida simplemente reproduce la luz que uno recuerda de noches así, cuando las
lámparas bajas hacen que todo se vea más íntimo de lo que probablemente es. Y
cuando Yiyo y Celia se unen, las luces de contorno hacen que ella brille un
poco más, y que él responda a ese brillo. Por un segundo, parecen
inalcanzables.
El clímax llega cuando Yiyo, después de otro desastre (sí,
otro trago derramado. ¡Por Dios, Yiyo!), sale corriendo tras ella a la calle
vacía y luego descubre que Celia lo estaba esperando adentro. La invitación a
bailar es casi un acto de valentía desesperada. Y el baile… bueno, el baile es
lo más honesto de todo el cortometraje. No es una escena de “mírenos, somos
perfectos”. Son dos personas que se ajustan, que se ríen cuando algo sale mal.
Luego vienen los créditos y el cortometraje nos regala una
pequeña coda con Paula y Martín en la barra. Un intercambio rápido, un anillo,
una broma. “Qué necio”, dice ella, y se ríen. Es el tipo de escena que muchos
cortometrajes habrían cortado para quedar “más limpios”. Aquí funciona porque
cierra el círculo sin explicarlo todo. La vida sigue en el bar, aunque la
historia principal haya terminado.
Lo que hace que El Bar de Hernando se sienta distinto es
precisamente eso: no intenta ser más de lo que es. No hay grandes discursos
sobre la identidad latina (que ya está genialmente implícita) ni sobre el miedo
al rechazo. Sólo muestra cómo se siente querer dar un paso y no saber si vas a
caer de cara. Marín hace que la timidez de Yiyo duela un poco; Rojas hace que
Celia sea deseable sin necesidad de intentarlo. El resto del elenco —MJ García como
la amiga sarcástica, Tomás Mejía como el bartender compinche— rellena los
bordes del cuadro con detalles que parecen improvisados, aunque uno sabe que no
lo son (¿o sí?).
Ganó el premio del público en el Cine Gear Expo Film Series
y se entiende por qué: porque se siente como algo que te pasó a ti o a tu primo
el fin de semana pasado. No es revolucionario. No reinventa el lenguaje del
cine. Pero sí te deja con la sensación de que acabas de salir de un bar a las
tres de la mañana, con los oídos todavía zumbando de salsa y preguntándote si
tú, en su lugar, te habrías animado a bailar.
Por eso funciona. Porque en vez de contarnos una historia de
amor, nos recuerda cómo se siente una de verdad: torpe, sudorosa, llena de
oportunidades perdidas y, de vez en cuando, de un par de minutos en los que
todo encaja. Nada más. Y nada menos.
REPARTO
Nicolás Marín, Osmara Rojas, MJ García, Tomás Mejía, Sofia del Mar, Daniel Dreszer, Fernanda Arana, Taryn Kanoelani, Kyle Gill, Aamir Yusuf, Sandra Morales, Ernesto Gómez, Pedro Iván Cevillo, Walter Díaz, Ashoka Deva, Andrés Bernal, Andrés García, Bassel Ziah Malhas
EQUIPO
Written, Directed, Photographed & Edited by Andrés Bernal
Co-Directed by María Gómez
Produced by Andrés Garcia
Executive Producers - Yamile Farias, Carlos Bernal, Yenny Farias
Production Designer - Fiona Brennan
Associate Producer - Ben Kuker
Costume Designer - Adamaris Flores
Casting Director - María Gómez
Unit Production Manager: Stephen Giordano
First Assistant Director - Aryan Sheth
Second Assistant Director - Andy M
Lead Choreographer: Tony Rumie
Choreographer: Gabriela Colón Colón
Art Director - Marie Platel
Steadi Cam OP: Yixuan Li
Cam Operator: Mateusz Sobolewski
1st Assistant Camera: Janak Panchal
2nd Assistant Camera: Chucho Morales
Digital Imaging Technician: Eden Homayoonfar
Script Supervisor - Marián Louvier
Production Sound Mixer / Boom Operator - Kane Thompson
Gaffer: Anthony Zambrano
Key Grip: Xiaoming Liang
Grip: Diego Ríos Vázquez
Grip: Mikhail Cherkasov
Grip: Diego Galindo
Grip: Kylee Windes
Dolly Grip: Bryan LaSof
Head Make Up Artist: Val Betancur
Make Up Artist: Clara Green
Sound Supervisor / Sound Mixer - Andrés Ripe
Dialogue Editor - Juan Sebastián Roa
Sound Designer - David Ripe
Foley Supervisor - Alejandro Jaramillo
Foley Editors - Sebastián Martínez, Javier Prada
Foley Arist - Leandro Villalobos
Pro-Tools Assistant - Juan Gualdron
Mixing Studio - El Edén Post
Production Assistant - Alejandra Rosales
Production Assistant - María Fernanda Rico
Stills Photographers - Santiago de Alba, Anton Synitsin




