Reseña | "Agnès" de Nora Arnezeder

AGNÈS



SINOPSIS

Agnès, una joven actriz francesa que vive en Los Ángeles, sueña con triunfar en Estados Unidos. Pero una rápida parada en el supermercado, justo antes de una fiesta vecinal, lo cambia todo. Su sueño americano se convierte de repente en una pesadilla.


RESEÑA

Agnès es el debut como directora de Nora Arnezeder, una actriz y cantante francesa (todavía sigo disfrutando Loin de Paname) que ha pasado años trabajando entre París y Los Ángeles. El corto, de apenas quince minutos, se rodó en 2025 con coproducción de Nolita Cinéma, The Project Film Club y Blue Face Films y ya es calificador para los Oscar. No es un ejercicio de estilo vacío; es una pieza urgente que toma la mirada de una europea que conoce de cerca tanto el brillo como la crudeza de Hollywood. Arnezeder coescribió el guion con Caitlin Keats y eligió a Kim Higelin para encarnar a Agnès, una joven actriz francesa que intenta abrirse paso en Los Ángeles. Lo que empieza como un día cualquiera se convierte en un golpe seco. Me parece que el corto llega en un momento en que el cine francés sigue mirando a Estados Unidos con una mezcla de fascinación y horror —¿quién no, hoy en día? —, y aquí esa mirada se concentra en algo tan cotidiano como un supermercado.



El relato avanza casi en tiempo real y se construye sobre detalles que parecen insignificantes hasta que todo estalla. Arranca con Agnès cuidando a dos niños pequeños en su propio apartamento. Sopla burbujas, juega a ponerse brillantina en forma de estrellas holográficas sobre los párpados y les reparte paletas dulces. La cámara se queda con ella mientras limpia, mete pañales en la bolsa de la mamá y conversa con naturalidad sobre una fiesta de piscina a la que le invitan. Hay un post-it pegado en la nevera con el teléfono de un abogado de inmigración marcado con signos de exclamación. Más tarde, cuando lava los trastes, ve hormigas rojas y en vez de aplastarlas —como haría una persona que no se preocupa por los seres vivos, aunque sean pequeños— las saca con cuidado al balcón. Luego llama a su madre por videollamada para que la guíe paso a paso mientras prepara un pastel. Se da cuenta de que no tiene huevos, los que tenía no sirven, así que sale a la tienda justo antes de que caiga la tarde. 

La luz cambia poco a poco. Primero es el resplandor dorado del atardecer sobre el skyline de Los Ángeles, después el neón frío de los pasillos del supermercado. Agnès ayuda a una señora mayor a alcanzar una lata en un estante alto, elige una mezcla de pastel de chocolate, ya que los pasteles preparados y decorados son muy caros, y se fija en una mujer con la cara y el cuerpo completamente reconstruidos por cirugías —tal vez imagina la vida que ha vivido en la industria de Hollywood—. La cajera, una mujer afroamericana amable, la saluda como si la conociera de siempre; en su caja hay un autógrafo de Barack Obama. Todo es normal, casi aburrido. Entonces todo cambia —deben verlo ustedes mismos, me rehúso a dar más detalles—. El sonido irrumpe sin aviso: gritos, pasos corriendo, amenazas que asechan a cada segundo. La edición se vuelve nerviosa pero nunca confusa. Agnès se tira al suelo, la radio sigue sonando, una versión lenta y distorsionada de Happy Birthday que ahora suena siniestra. Un globo de helio sube lentamente hacia el techo mientras una bebé llora. Agnès toma a la niña, corre, encuentra un lugar seguro, se mete dentro y la abraza. La luz se apaga del todo. Con una sola estrellita que todavía conserva en la mano, la pone en la mejilla de la bebé y la acuna hasta que se calma.



Lo que me golpea de verdad es cómo el corto acumula bondad para luego arrancártela de golpe. Agnès no es una heroína súper poderosa; es simplemente decente y buena —aunque esas son cualidades que parecen escasear hoy en día—. Trata a los niños con respeto incluso cuando les quita las paletas, libera las hormigas en lugar de matarlas, ayuda a la señora mayor sin esperar nada a cambio. Cada pequeño gesto construye la idea de una persona que intenta ser buena en un mundo que no lo permite. El sueño americano está presente desde el principio: el post-it del abogado, las audiciones que nunca llegan, la videollamada con la madre en Francia, el pastel para la potluck pool party. Todo eso se rompe en el supermercado.

La violencia aparece como algo que no se anuncia, que irrumpe en medio de la rutina. El corto no da explicaciones ni nada por el estilo; sólo muestra el horror en primer plano. La bebé que llora, la estrellita que pasa de la mano de Agnès a la mejilla de la niña, el abrazo dentro del refrigerador oscuro. Es como si el cortometraje dijera que la humanidad se reduce a esos gestos mínimos cuando todo lo demás se cae a pedazos. Hay una capa filosófica clara: la fragilidad de la vida cotidiana, la forma en que un momento ordinario puede convertirse en trauma colectivo. Agnès encarna al inmigrante que llega lleno de esperanza y se topa con una realidad que las películas de Hollywood no muestran.



El corto dialoga con otras obras que han tratado el mismo tipo de violencia desde la intimidad. Pienso en Elephant de Gus Van Sant, pero aquí no hay estética fría ni distancia, sino todo lo contrario: todo es más cercano y más corporal. También me recuerda la escuela del realismo social francés, esas historias de los hermanos Dardenne donde la cámara sigue a personajes comunes hasta que la vida los pone en encrucijadas. La secuencia del supermercado tiene un tinte de los noticieros reales: los mismos pasillos, las mismas luces fluorescentes, los mismos gritos que hemos escuchado demasiadas veces en las noticias. Y el hecho de que sea una francesa la que vive el horror añade una capa extra: la mirada de quien viene de fuera y descubre que el paraíso prometido tiene colmillos listos para atacar.

Nora Arnezeder no filma desde la distancia. Ella misma ha vivido entre dos mundos, y se nota. Como actriz conoce los castings que no llegan, las esperas, la presión de triunfar en Los Ángeles. Aquí pone todo eso en Agnès y luego lo destroza. La elección de rodar en locaciones reales, el uso de luz natural que va desapareciendo, la decisión de no mostrar a los victimarios, todo habla de una intención clara: no queremos espectáculo, queremos que sientas el peso de lo que queda antes, durante y después del ruido: lo que las víctimas experimentan y que les atormentará por el resto de sus vidas. El guion, escrito a cuatro manos con Caitlin Keats, evita los clichés del género; prefiere el silencio, el llanto, el sonido de la respiración dentro del refrigerador. Es un debut que demuestra que Arnezeder entiende perfectamente tanto de actuación como de dirección.

Estoy seguro que muchos celebrarán Agnès por su economía narrativa y por cómo evita el sensacionalismo, y yo soy uno de ellos: es un gran cortometraje porque no intenta decirlo todo, se concentra en una sola persona, en una sola noche, en un solo gesto de ternura que sobrevive al horror. La actuación de Kim Higelin es de las que te dejan meditando: ni grandes monólogos, ni exageraciones, sólo mirada, respiración y decisiones tomadas en segundos.



Agnès es casi como una bofetada directa a la cara de la sociedad estadounidense actual. Nora Arnezeder toma a una joven inmigrante llena de ilusión, la rodea de pequeños actos de bondad y luego la arroja al horror de un supermercado cualquiera para recordarnos que el sueño americano se ha convertido en una broma macabra. Mientras Hollywood sigue vendiendo historias de superhéroes y redención, la realidad cotidiana es esta: más de 120 armas por cada 100 habitantes, un 32% de adultos armados y una cultura que glorifica la violencia hasta convertirla en rutina. Los tiroteos masivos empiezan a no ser noticia.

Al final, todos los elementos convergen en un solo golpe: la ternura acumulada durante los primeros diez minutos hace que los últimos cinco duelan más. La brillantina, las hormigas salvadas, el pastel que nunca llega a hornearse, la bebé arrullada en su regazo. Agnès entra al supermercado como cualquier inmigrante que sueña con algo mejor y sale convertida en testigo de algo que Estados Unidos se niega a arreglar, a pesar del creciente número de víctimas. El cortometraje te deja con la idea de que la violencia no necesita grandes villanos; basta con un día cualquiera, un recado cualquiera y una pistola cualquiera; además de estar en el lugar y momento equivocados. En medio de eso, una mujer que todavía tiene una estrellita en la mano y decide proteger a una niña que ni siquiera conoce. Eso es todo lo que queda.


REPARTO

Kim Higelin, Ever Gonzalez, Leo Gonzalez, Kesley Crane, Carima Amarouche, Rose Marie Brown, Avery Wilson, Rhonda Bankston, Lori Jean Wilson, Bunny Levine, Sady Diallo, Giu Sawaya, Dawna Lee Heising, Marie Brown, Sloan Waltz, Claudine Book, Veronica Maccari, Gareth Forsberth, Cam Cordell, Lilly Depoux, Valentin Depoux


EQUIPO

A Film by Nora Arnezeder

Written by Nora Arnezeder, Caitlin Keats

Produced by Nolita (Yoann Scherb, Maxime Delauney, Mathieu Ageron, Romain Rousseau),

In Co-Production with Blue Face Films (Anaïs Aidoud, Sammy Lamboley), The Project Film Club (Laurent Fumeron)

In Association with LDR Creative (Lisa Donmall-Reeve)

1st Assistant Director - Nakiya Martinoni

2nd Assistant Director - Cameron Price

Stunt Coordinator - Veronica Maccari

Costume Designer - Christian Stroble

Wardrobe Assistant - Robbie Lundgard

Head Makeup Artist, Hair Stylist and MFX Artist - Hatti Rees

Makeup Artist and Hair Stylist - Asia Parks

Sound Recordist - Mr. Woody

Boom Operators - Joseph Hartshorn, Terrell Johnson

Production Assistants - Cam Cordell, Marilu Pagoni, Enoch Mendez

Director of Photography  - Jérémie Attard

1st Assistant Camera Operator - Tom Houguenague

2nd Assistant Camera Operator - Tatiana Samano

Production Designer - Keene Kopper

1st Assistant Production Designer - Andrea Monzon

2nd Assistant Production Designer - Julia Aubish

Gambler - Steven F. Heuer

Key Grip - Gustavo Oliva

SFX Supervisor - Joe Martinez

SFX Assistant - Ronald Rosegard

Oh-Set Physicians - Jose Bautista, Marco Galluccio

Still Photographers - Frederico Imperiale, Eric Fischer

School Tutor - Luella Wagner

Executive Producer - Lisa Donmal-Reeve

Chief Film Editor - Tianès Montasser

Sound Post-Production - Purple Sound

Picture Post-Production - Lux

Sound Effects - Malakoff Studios

VFX and Titles - IIW Studio

Original Music Composed and Performed by Féloche