Reseña | "Dasher" de Alexander Bocchieri

DASHER



SINOPSIS

Josh, un repartidor de comida a domicilio en apuros, y Kayla, una enérgica empleada de restaurante, se unen para una noche de repartos cómica y caótica. Clientes exigentes, sushi robado y el caos navideño de la víspera de Navidad les devuelven la ilusión y les permiten soñar un poco más.

 

RESEÑA

Dasher es un cortometraje de casi 27 minutos dirigido por Alexander Bocchieri, estrenado en 2025, y rodado en Honolulu. Es un filme con voz propia: Bocchieri viene del programa Disney Launchpad, donde dirigió “The Roof”, y antes de eso filmó “Go for Broke”, una película sobre el 442° Regimiento de Combate, integrado casi en su totalidad por nisei durante la Segunda Guerra Mundial. Dasher sigue la misma línea: contar historias locales de Hawai’i sin caer en una simple postal turística.

La premisa es muy sencilla: Josh, repartidor de comida a domicilio, necesita completar un cierto número de entregas antes de que termine la noche de Navidad para cobrar un bono que le urge para pagar el alquiler y, de paso, comprarle algo a su mamá. En el medio del camino se cruza con Kayla, una camarera del restaurante familiar donde recoge un pedido, que también ser su antiguo crush de la escuela. Ella se sube a la moto de reparto, en parte por culpa (porque acaba de arruinarle un pedido grande a Josh) y en parte porque, como se revela después, también necesita escapar. Lo que sigue es una genial noche errática por las calles de Honolulu: clientes imposibles, un restaurante de sushi con presencia de Yakuza, una figura de Santa borracho y, al final, un karaoke improvisado con un propósito muy particular.



Para mí, es un cortometraje intensamente cálido, pero no hay que equivocarnos… lo interesante de Dasher no es tanto su comedia (que es efectiva), sino lo que hay debajo: una radiografía precisa de lo que significa ser joven, local y sin dinero en una ciudad que vive de venderle el paraíso a otros.

La estructura del corto es, en esencia, un “one crazy night”, el género de la odisea urbana nocturna que va de “After Hours” a “Collateral”, pasando por mil variantes. Pero Bocchieri y el guionista Bryson Chun le dan una vuelta de tuerca: en vez de organizar la noche alrededor de un objetivo romántico, o de una fiesta, la organizan alrededor de una cuota de trabajo. El objetivo no es ni llegar a una fiesta ni encontrar a una mujer; es completar entregas.

El ritmo está construido en bloques de entregas, cada uno funcionando casi como un sketch independiente: el cliente que acusa a Josh de “echarse un gas” en su ensalada de papa, el tipo que se queja porque Josh sacó una foto sin su consentimiento… Esta estructura le da al corto un aire casi de stand-up visual, y la edición de Reynolds Barney aprovecha eso: los cortes son rápidos, casi sincronizados, con esa energía de scroll infinito que cualquiera que haya trabajado con apps de reparto sabe reconocer inmediatamente.

La llamada inicial al Driver Support Hotline funciona tanto como obertura como tema. Ahí ya está todo: Josh tiene que deletrar su propio nombre, el operador le explica con total frialdad que las quejas, aunque sean absurdas, cuentan en contra suya, y la conversación termina sin resolver nada.

Visualmente, lo que más se nota es la decisión de rodar todo de noche y usar las luces navideñas como fuente principal de iluminación. El propio Bocchieri lo explica mejor: “quería esa sensación de brillo artificial, en contraste con la imagen de postal que uno tiene de Hawai’i”. Y se nota. Hay un brillo neón que domina casi toda la paleta, salpicado de verdes, rojos y dorados navideños. La cámara de Johnathan Walk se mueve con la moto, pegada a los personajes, lo que genera una sensación de inmediatez, que contrasta con los momentos más quietos (como la escena del karaoke que, para mí, fue “chef’s kiss” IYKYK).

La banda sonora de Jina Hyojin An mezcla percusión con aire de funk y groove (una disculpa si erro, no soy experto en géneros musicales) para las secuencias de movimiento, lo cual encaja con esa idea de “energía cinética”, pero el verdadero golpe musical llega al final, cuando suena “House of the Rising Sun”. Es un cambio de registro brutal: toda la película venía sostenida por diálogo rápido, gags, ruido urbano, y de golpe se detiene todo para que una sola voz domine el espacio. La canción, que habla de una ruina, funciona como confesión indirecta (me rehúso a dar más detalles, cero spoilers).

En cuanto a personajes, Josh está escrito como la típica buena persona atrapada en un mal sistema. Nunca robó nada en su vida (lo dice él mismo, casi avergonzado, como si fuera una falla de carácter), tiene deudas, mantiene a su mamá, volvió a estudiar… Kayla es su contraparte: viene de una familia que tiene un negocio, pero ese negocio le atrapa tanto o más que la precariedad atrapa a Josh. Ella tiene sueños y, como se revela en la escena final, Josh también. La tensión entre los dos no sólo es nostálgica, sino romántica.

El tema central de Dasher es la economía gig y lo que le hace a la gente joven, en particular a la gente joven de Hawai’i. Bocchieri lo dice explícitamente en su nota de director, pero el corto lo demuestra mejor: la vida de Josh está estructurada alrededor de un número que decide si puede pagar el alquiler o comprarle un regalo a su madre. El villano detrás de ese número es el sistema, representado por una voz de teléfono que es ineficiente y completamente indiferente.



Ahí está, para mí, lo más logrado del guion: la voz del soporte técnico, más que cruel, es burocrática. Le sigue diciendo “Yosh” a Josh incluso después de que él mismo deletreó su nombre. Le manda una encuesta de satisfacción justo después de negarle el reclamo. Esa cortesía vacía es la representación más precisa de cómo funciona el trabajo de plataforma: todo está empaquetado en un lenguaje de servicio al cliente que nunca admite que hay una decisión algorítmica negándote algo.

La noche de Navidad como marco tampoco es casual. La absurdidad de trabajar en Nochebuena atraviesa todo el cortometraje. Las luces navideñas, que en otro contexto serían cálidas y familiares, aquí iluminan calles vacías por donde dos personas transitan para llegar a una cuota. Es un tipo de Navidad “descascarada”: la iconografía sigue ahí, pero vaciada de su sentido original, ya que uno no tiene ni tiempo ni dinero para vivirla como se “supone” que hay que vivirla.

Después está el tema de los sueños postergados, que se cruza con el anterior, pero merece su propio espacio. Tanto Josh como Kayla tienen, o tuvieron, aspiraciones artísticas: él hacía teatro en la secundaria, ella quiere cantar. La discusión entre ellos en la moto, cuando Josh le pregunta qué sueña hacer y ella le responde casi enojada que no tiene “el privilegio” de soñar como él, es el corazón emocional del corto. Ella le echa en cara que él, al menos, puede “dejar todo” porque no tiene tanto que perder; él le contesta que no todos pueden trabajar para sus papás. Los dos tienen razón a medias.

La escena del robo en el restaurante de sushi merece atención aparte. Es el primer acto verdaderamente transgresor de Josh en todo el corto, y llega justo después de que él mismo había contado, sin ironía, que nunca robó nada en su vida. El gesto funciona como un tipo de liberación, pero también como ironía.

Bocchieri no es un realizador que llegó a Hawai’i de visita. Nació en el Área de la Bahía, se mudó a Maunawili (East Side de O’ahu) a los 17 años y, desde entonces, construyó su carrera ahí. Es importante saber esto para entender Dasher, porque no es la mirada de alguien que descubre la “autenticidad local”, sino la de alguien que vive ahí y conoce el costo de vida, la presión inmobiliaria y lo que él mismo llama “brain drain”, la fuga de talento joven que se va de Hawai’i porque no puede sostenerse económicamente.

Bocchieri ha comentado que la clave para hacer algo original es partir de algo tan específico de tu propia vida que nadie más en el mundo lo haya visto antes. Dasher parece seguir ese consejo al pie de la letra. La llamada al soporte de la app, el restaurante familiar asiático, el Santa borracho, entre muchas otras cosas, son detalles que sólo alguien que vivió ahí, o que sabe de quienes ahí viven, puede poner con esa naturalidad.



No quiero dejar fuera a Ta'imua Hannemann y Vivien Ngô como protagonistas, cuya química es tangible, y cuyo talento es tan grande que casi se te olvida que están actuando y se disuelven en los personajes que interpretan. Lo que Ta’imua tiene es un talento que noté desde que hice mi reseña del cortometraje “Jane Austen’s Period Drama”, y que espero seguir viendo en muchos más proyectos futuros (¡sabes que soy tu fan, Ta’imua!).

Lo que hace que Dasher funcione, más allá de sus gags efectivos y su elenco con excelente química, es que todas sus piezas apuntan al mismo lugar con precisión. La estructura episódica de entregas refleja la fragmentación del trabajo de plataforma. La iluminación navideña artificial refleja una Navidad vaciada de su sentido festivo para quienes tienen que trabajar en ella. La llamada de soporte técnico, con su cortesía vacía, es la cara más visible (y más fría) de un sistema que decide sobre la vida de Josh sin que haya nadie a quien realmente reclamarle. Y la canción final le da voz a algo que ninguno de los dos personajes pudo decir en voz alta durante toda una madrugada de chistes y prisas.

En definitiva, Dasher ofrece una resolución momentánea, pero que será semillero de vocaciones y sueños, además de regalarnos al público una noche: una noche absurda, ruidosa, iluminada con luces de Navidad ajenas, en la que dos personas que se habían perdido de vista encuentran, por un rato, algo de compañía… algo de esperanza.


REPARTO

Ta’imua Hannemann, Vivien Ngô, Wayne Chen, Sam Bui, Dann Seki, John LeBlanc, Gerick Banga, Roland Kanuha, Bryson Chun, Triton Oshiro, Kaps


EQUIPO

Directed by Alexander Bocchieri

Written by Bryson Chun

Produced by Annie Huang, Danni Xin

Executive Producers – Linda Nichols, Robert Nichols

Executive Producer – Johnathan Walk

Associate Producer | 1st Assistant Director – Rea Chupek

Creative Consultant | Script Supervisor – Kristle Kaye Lois

Casting Director – Tanya Giang, CSA

2nd Assistant Director – Kapryce Thatcher

Director of Photography – Johnathan Walk

1st Assistant Camera – Kaeo Kepani

2nd Assistant Camera – Evan Higa

Camera Production Assistant – Aleta Hammerich

DIT / Digital Utility – Clark Jacoby Davis, Shaun Oliquiano

Gaffer – Jason Fratis

Key Grip – Gus Downes

Best Boy Electric – Zachary Tom

G&E Swing – Clark Jacoby Davis

Production Sound Mixer – Thomas Visser

Boom Operator – Kaycee Phillips

Production Designer – Kaycee Phillips

Art Director – S. Samson

Art PA – Tony Dia

HMU & Wardrobe Stylist – Chris Jose

Production Assistants – Alex Cleary, Jasmine Murphey, Peter Wu, Jalen Condes, Ethan Chang, Justin Pascua

Accounting PA – Adam Madrigal

Editor – Reynolds Barney

Assistant Editor – Shaun Oliquiano

Original Music by Jina Hyojin An

Japanese Vocalist – Nam Chumo

Sound Design by Kai Scheer

ADR Technician – Ashley Rubay

Colorist – Pat Fitzgerald

BTS Photographer – Christopher Ahn

Nichols Family Film Fund

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