Reseña | "His House, Home" de Aisling O'Regan Sargent
HIS
HOUSE, HOME
SINOPSIS
Un
joven que cuida a su padre con esclerosis múltiple se siente desplazado por un
cuidador gay compasivo, lo que le obliga a afrontar su identidad y, finalmente,
a salir del armario, encontrando una aceptación inesperada.
RESEÑA
Se
puede desaparecer sin estar ausente físicamente. Te quedas, sigues ahí,
presente todos los días, sosteniéndote a ti mismo y a veces a los demás,
cumpliendo con tus obligaciones, cuidando de los que amas y, sin embargo, algo
de ti se va vaciando despacio. Entregarte por completo a otro no es, en sí
mismo, el problema. El problema es lo que ese gesto ocupa: todo el tiempo, toda
la energía, todo el espacio donde debería caber la pregunta de quién eres tú
cuando nadie te necesita. Uno puede pasarse la vida entera siendo
imprescindible para los demás y, al mismo tiempo, ser un completo desconocido
para sí mismo.
Y
hay otra forma de desaparecer, más silenciosa y trágica todavía, que no
necesita de nadie más: la de no mirar de frente lo que eres; no decirlo, no
nombrarlo, dejarlo en un cajón cerrado dentro de uno mismo, todos los días,
hasta que ese silencio es nuestra costumbre, y nuestra costumbre se vuelve
identidad. Esconderse de los demás agota, pero esconderse de sí mismo cansa de
una manera distinta, porque no ofrece descanso: te llevas el escondite a todas
partes, incluso cuando estás solo, incluso cuando nadie podría juzgarte salvo
tú.
Lo
que yo diría que tienen en común estas pérdidas es que ninguna de las dos viene
anunciada; se acumulan, gesto por gesto, día por día, hasta que un día te
preguntas qué quieres, qué sientes, quién eres, y te das cuenta de que no
tienes una respuesta a la mano. No amarte por lo que eres, no aceptar tu deseo,
tu forma de habitar el mundo, es también una forma de cuidado, pero invertida:
es cuidar la idea que los demás tienen de ti, a costa de la persona que
realmente eres.
Tal
vez la única forma de empezar a volver, de dejar de estar ausente dentro de la
propia vida, sea esa cosa tan pequeña y tan enorme a la vez: decir, aunque sea
ahogándote en tus propias palabras, aunque sea sin terminar la frase por el
dolor de articularla, “esto también soy yo”.
His
House, Home es un
cortometraje irlandés de catorce minutos, dirigido por Aisling O'Regan Sargent,
escrito y producido por Philip Emo, con Killian Casey como coproductor, todo
bajo el sello de All My Friends, una productora queer fundada en 2023. Aborda
justamente esa idea de la doble pérdida de identidad. Cada escena empieza a
leerse como una variación sobre el mismo tema: alguien que se esconde, y que ni
siquiera tiene claro de quién.
El
corto arranca con Luke trabajando en un supermercado, reabasteciendo
refrigeradores, cargando bultos. Hace una llamada que nadie contesta. La hace
de nuevo. Nada. Hay una inquietud apenas visible en su cara, pero el trabajo
sigue, porque el trabajo no espera. ¿A quién espera? Cuando vuelve a casa, entra
a una situación que ya estaba mal antes de que él llegara: su padre, Malcolm,
postrado por la esclerosis múltiple, sin poder moverse, habiéndose ensuciado
encima desde la tarde porque no había nadie para cambiarlo.
Y
ahí, sin que se diga una palabra, empieza a verse la primera mitad de la tesis.
Luke lo baña con una ternura enorme, a pesar del cansancio, a pesar de lo tarde
que es. Esa entrega es real, es tangible y está en la escena en todo instante.
Nadie está actuando un papel de hijo bueno; él es un hijo bueno. Pero
esa misma entrega es lo que ocupa cada minuto disponible del día de Luke. No
queda nada después. Y cuando no queda nada después, tampoco queda espacio para
preguntarse quién es uno cuando no está cuidando a alguien.
Antes
de que Hermes aparezca en la puerta, hay una escena breve donde Luke lo ve
llegar en moto con otro hombre. Se quitan los cascos, y se besan amorosamente.
Son pareja. Luke se queda mirando, absorto. No es una mirada de sorpresa, exactamente.
Es más bien la mirada de alguien que está viendo algo que conoce, pero desde
muy lejos, como si fuera un recuerdo de una vida que podría haber tenido y no
tuvo tiempo de tener.
Hermes
entra a la casa siendo exactamente lo que Luke no puede permitirse ser: alguien
que no esconde nada. Es gay, abiertamente, sin esfuerzo, sin necesidad de
explicarlo ni de ocultarlo. Y es, además, un cuidador. Esto es importante
porque Hermes encarna las dos cosas que para Luke parecen mutuamente
excluyentes, cuidar de otra persona y tener una identidad propia, y las encarna
sin ningún conflicto visible. Para Luke, eso tiene que ser desconcertante.
Capaz y ni siquiera sabía que esa combinación era posible.
Malcolm,
por su parte, reacciona con un comentario homofóbico hacia Hermes. No quiere
que lo vista “como un queer”. Hermes responde con educación, le pide que no
diga esas cosas, que sólo está ahí por trabajo. Y Luke, durante toda esta
escena, está callado. Tiene que irse a trabajar. Deja todo organizado, las
medicinas, los horarios, y se va. Pero esa palabra que dijo su padre se queda
flotando en el aire de la casa, y en algún lugar de la mente de Luke también.
Hay
una serie de momentos pequeños que, juntos, construyen la rutina de Luke como
una especie de capa protectora: en el trabajo, ve a un hombre hablando con dos
mujeres. Le gusta lo que ve. El hombre se da cuenta. Es un cruce de miradas
mínimo, casi nada, pero es la primera vez en el corto que vemos a Luke mirar a
alguien con deseo, no con cansancio ni con preocupación.
En
casa, descubre que Hermes le dio alcohol a Malcolm sin saber que no debía. No
fue mala intención, fue Malcolm quien le dijo que sí podía tomar. Luke,
fríamente, le dice a Hermes que puede irse después de la comida. Es un gesto de
control, casi de defensa territorial, sobre el único espacio que Luke considera
suyo: el cuidado de su padre.
Mientras
le da la medicina a Malcolm, Luke ve por la ventana cómo Hermes se besa con su
pareja nuevamente. Malcolm también lo ve. Se miran entre ellos. No dicen nada.
Pero algo pasa en ese silencio compartido, algo que tiene que ver con que
ambos, padre e hijo, acaban de ver lo mismo y procesarlo de manera
completamente distinta.
Cada
una de estas escenas es pequeña por separado. Pero todas tienen algo en común:
Luke observando una vida que transcurre afuera de la suya, una vida donde la
identidad no es un problema, y volviendo, cada vez, a su rutina sin decir nada
al respecto.
Si
hay una sola imagen que condensa la doble pérdida de identidad de la que
hablamos, es la que se nos presenta a continuación: Luke se pone una playera de
malla, transparente, de esas asociadas claramente a la estética gay, y encima
se pone su ropa normal para salir. Una identidad, literalmente cubierta por
otra, en su propio cuarto, antes de salir a la calle.
No
hace falta ningún diálogo para entender lo que está pasando. Es el “hiding
approach” hecho ropa. Luke no está escondiendo esa playera de su padre
solamente, porque su padre ni siquiera puede verlo desde la cama. La está
escondiendo de cualquiera que lo vea por la calle, de sus compañeros de
trabajo, de la versión de sí mismo que tiene que mantener funcionando todos los
días. Es un escondite que se pone encima de otro escondite.
Y
mientras se prepara para salir, ve a Hermes bañando a Malcolm, tarareando,
feliz, haciendo su trabajo de cuidado con una naturalidad total. Malcolm lo
disfruta. Es la misma tarea que Luke hace todas las noches con resignación y
cansancio, hecha por alguien para quien el cuidado no parece costarle la
identidad. Esa yuxtaposición, Luke escondiéndose para salir, Hermes sin
esconder nada mientras cuida, es de las decisiones de puesta en escena más
elocuentes.
Luke
vuelve a casa borracho, a tropezones. Es la primera vez que lo vemos
descontrolado, fuera de su rutina habitual. Hermes le pregunta si se divirtió.
Luke se ríe de su propio estado. Hermes le da agua. Luke se disculpa, dice que
casi nunca toma así. Toma un sorbo y, en ese momento de baja guardia total, le
roba un beso a Hermes.
Hermes
se retira de inmediato. Dice que va a revisar a Malcolm. No hay un rechazo violento
ni dramático, pero sí una distancia clara e inmediata. Y Luke se queda solo en
la cocina, atrapado, triste y frustrado. Lo que pasa aquí es que, por un
instante, los dos escondites de Luke colapsan al mismo tiempo. Está borracho,
así que ya no tiene el control que normalmente usa para mantener todo en su
lugar, y en ese descontrol se permite algo que jamás haría sobrio: actuar sobre
su deseo. Pero lo hace mal, en el momento equivocado, con la persona equivocada
y de la forma equivocada. Y el resultado es que se queda más solo que antes, no
porque Hermes lo rechace con crueldad, sino porque ese pequeño quiebre del
escondite no llevó a ningún lado. Sólo confirmó que el problema sigue ahí,
intacto, esperándolo cuando se le pase la borrachera.
A
la mañana siguiente, Luke ve por la ventana a Hermes irse con su pareja,
abrazados, en la moto. Otra vez esa imagen de una vida que no es la suya,
pasando justo frente a su ventana. Pero esta vez algo es distinto. Luke se queda
pensando, medita, y después abre la puerta del cuarto de su padre. Esta es la
escena que conecta todo. Luke se sienta junto a la cama, intenta tomar la mano
de su padre, intenta decir las palabras correctas, pero se ahoga. Su padre le
pregunta qué pasa. Luke dice “papá”, y sigue ahogándose. Dice “hay algo que
quiero hablar contigo”, traga saliva, le cuesta la vida entera, y empieza a
llorar. Dice “soy...” y no puede terminar la frase. Llora sin poder
controlarse.
Y
ahí está, en su forma más cruda, la doble pérdida de identidad volviéndose, por
primera vez, una sola cosa que se puede pronunciar, aunque sea a medias. Luke
no logra decir la palabra completa, pero el llanto, la postura, el intento
mismo, ya dicen todo lo que la palabra diría. Y Malcolm, que físicamente apenas
puede moverse, encuentra la forma de levantar los brazos y ponerlos sobre la
espalda de su hijo. Dice “ven, Luke”. No
exige que termine la frase. No necesita escuchar la palabra para entender lo
que está pasando.
Quiero
volver, ahora con más espacio, a la idea central. La primera pérdida de
identidad, la del cuidado total, no es presentada por la película como algo
negativo en sí mismo. Luke ama a su padre, lo cuida bien, y el propio
cortometraje lo deja claro: no haría nada distinto. El problema no es el acto
de cuidar. El problema es lo que ese acto, sostenido sin pausa, sin ayuda,
durante tanto tiempo, termina ocupando. Ocupa el lugar donde debería estar la
pregunta “¿quién soy yo?”.
La
segunda pérdida, la de no atender ni nombrar la propia sexualidad, parecería a
primera vista un tema completamente distinto. Pero el corto las trata como dos
síntomas de la misma enfermedad: la falta de espacio para uno mismo. Luke no
evita hablar de su sexualidad porque tenga terror de un rechazo específico. La
evita porque, en los términos en los que ha organizado su vida, no hay un lugar
donde esa conversación podría suceder. No hay tiempo, no hay energía, no hay
siquiera el hábito de pensar en sí mismo como alguien con necesidades propias.
Y
esto es lo que hace que el título, “His House, Home”, funcione en varios
niveles. Es la casa de Malcolm y Luke, literalmente. Pero también es la casa
donde Luke se esconde, de dos maneras a la vez. La casa es su trabajo de
cuidador y es, al mismo tiempo, su clóset. No son dos espacios distintos. Es el
mismo espacio, cumpliendo dos funciones de ocultamiento simultáneas.
Si
las dos pérdidas de identidad funcionan en piloto automático, lo que hace
Hermes es, sin querer, apagar ese piloto automático por unos días. Lo hace
simplemente existiendo de otra manera: siendo cuidador y siendo él mismo al
mismo tiempo, sin que una cosa le cueste la otra.
Cuando
Hermes le dice a Luke que puede quedarse cuidando a Malcolm para que Luke salga
a divertirse, que seguro tiene ganas porque no lo ha hecho en años, no está
diciendo nada extraordinario. Pero para Luke, que ni siquiera tenía en su agenda
la opción de “salir a divertirse” como algo disponible, esa frase es enorme. Es
la primera vez en el corto que alguien le recuerda que existe una vida fuera
del cuidado, y que esa vida no tiene por qué competir con el cuidado.
La
escena de la confesión es, en términos de la tesis del corto, el momento en que
las dos pérdidas de identidad dejan de operar en paralelo y se cruzan. Luke no
le dice a su padre “soy gay” de forma clara. Lo que le dice es, en esencia, “hay
una parte de mí que nunca te mostré”, y se desmorona en el intento. Y Malcolm
responde no a la información, que ni siquiera llega completa, sino a la
vulnerabilidad de su hijo frente a él. Responde al hecho de que, por una vez,
su hijo no está actuando como cuidador. Está actuando como alguien que también
necesita ser cuidado.
En
ese abrazo, las dos pérdidas se tocan. Luke deja de esconder su identidad
sexual, aunque sea de forma incompleta, y al mismo tiempo deja de esconder que
cuidar a su padre lo ha estado vaciando y dejando exhausto. Ambas cosas salen a
la superficie en el mismo gesto, porque, como venimos viendo, siempre fueron la
misma cosa.
El
cortometraje cierra con un montaje breve: Luke y Malcolm preparándose para
salir a la calle, Malcolm en silla de ruedas, Luke ajustándole el gorro y la
bufanda, Malcolm sonriendo frente al espejo junto a su hijo. Es la primera vez
que los vemos salir juntos, en pantalla, sin que sea una emergencia ni un
trámite.
Lo
que cambia ahí no es la condición de Malcolm, ni la situación laboral de Luke,
ni nada material. Lo que cambia es que el cuidado deja de ser, exclusivamente,
un escondite. Sigue siendo cuidado. Pero ahora ocurre entre dos personas que se
conocen un poco más de lo que se conocían antes. Esa es toda la resolución que el
cortometraje necesita, y me parece que es la resolución correcta: no resuelve
la enfermedad, no resuelve la economía de Luke, resuelve únicamente el
escondite, y eso, dado todo lo que vimos antes, lo es todo.
La
mayoría de las historias de coming out construyen al padre como un
obstáculo moral: alguien con valores anticuados que hay que confrontar o
convencer. His House, Home tiene un padre con un comentario homofóbico
real, pero no lo usa como obstáculo central. El obstáculo central es interno,
es la rutina de Luke, su falta de espacio para sí mismo. Esto acerca al corto
más a las narrativas sobre jóvenes cuidadores, un terreno donde el tema suele
ser el resentimiento o la pérdida de juventud, pero rara vez se cruza con la
pregunta de identidad sexual de la forma en que lo hace aquí.
Espero
no ofender ni a la directora, ni al guionista con mi comparación, pero His
House, Home me pareció visualmente poética y profundamente atmosférica de
maneras que sólo podría comparar con el cine de Jane Campion. Es como si,
deliberadamente, intentara abordar un estilo similar en la manera en la que la
comunicación no verbal es más efectiva. En el cine de Campion, la música, la escritura
y el lenguaje corporal son más que suficientes, y parece ser el caso con Luke,
con Malcolm y hasta con Hermes, que reflejan a la perfección esta mirada íntima
y subversiva. Comparto esta idea de la manera más respetuosa posible.
Philip
Emo escribió esto desde su propia experiencia cuidando a su padre, que también
tenía esclerosis múltiple. Y su aclaración, que no era tanto miedo a su
sexualidad sino la sensación de que esa sexualidad era un estorbo dentro de la
dinámica familiar, es exactamente la primera pérdida de identidad de la que
hablamos: la del cuidado total que no deja espacio para nada más. Emo no
escribió una historia sobre el miedo al rechazo. Escribió una historia sobre la
falta de tiempo y espacio para ser una persona completa.
Lo
que O'Regan Sargent y Emo construyeron es, sobre todo, un acto de honestidad,
la propia, puesta en la pantalla sin pedir permiso ni perdón, y por eso mismo
termina siendo universal. Porque todos, en algún momento, nos hemos escondido
de alguien, o de nosotros mismos, a diario, sin darnos cuenta. Y ver a Luke
encontrar, aunque sea a tropezones, el camino de vuelta hacia sí mismo, es ver
una pequeña victoria que se siente enorme. His House, Home es, en sus
catorce minutos, una casa que finalmente se convierte en hogar, y eso, para mí,
es cine en su forma más necesaria.
REPARTO
Oskar Smith, David
Layde, Rodrigo Ternevoy, Domhnall Herdman, Felipe Silverio
EQUIPO
Directed by Aisling
O’Regan Sargent
Written
by Philip Emo
Produced by Killian
Casey & Philip Emo
All My Friends / Fís
Éireann / Screen Ireland
Focus Shorts
Director of
Photography – Fionnuala McCormack
Editor – Keen Murphy
Composer – Faye O’Rourke
Sound Designer –
Danilo Zambrano
Production Designer –
Caroline Hill
Hair & Makeup
Designer – Aisling Doyle
Costume Designer –
Sarah Heraughty
Production Manager –
Samuel Harman Conlon
Casting Director –
Sarah Jones
First Assistant
Director – Flavia Pordominsky
Third Assistant Director
– Danielle Treacy
Trainee Assistant Director
– Patrick Gleeson
Script Supervisor –
Jill McKeagney
First Assistant
Camera – Shane Joyce, Daniel Byrne
Second Assistant
Camera – Sophie Fullam, Jan Paul Lodzinski
Digital Imaging
Technician – Ryan Mortell
Stills Photographer –
Eleanor Rogers
Gaffer – Eoghan Hand
Lighting Assistant –
Orna Indie Murphy
Production Sound
Mixer – Danilo Zambrano
First Assistant Sound
– Atlanta Ernst-Hennessey
Production Buyer
& Set Dresser – Mattie O’Toole
Styling Assistant
& Costume Graphics Designer – Clarabelle Murphy
Hair & Makeup
Assistant – Katie Binions
Movement Coach –
Robyn Byrne
Intimacy Coordinator
– Demi O’Hara
Stunt Coordinator –
Norman Kelly
Stunt Motorcycle
Double – Mark Finnegan
Stunt Motorcycle Passenger
– Martin Kenny
Stunt Safety –
Damien Lynch
Production Assistant
– Patrick Gleeson
Production Assistant
– Clarabelle Murphy
Background Casting –
Celtic Casting
Credits, Titles
& Poster Designer – Muirin Goulding
Post Producer –
Ciara Kirwan
Colourist – Matt Branton
Online Editor – Lisa
Heeran
Assistant Editor –
Rebekah Long
Executive Producer –
Emma Scott
Shorts &
Distribution Executive – Jennifer Smyth
Marketing Executive –
Mags O’Sullivan
Digital Marketing & Communications Coordinator – Callie Hardy



