Reseña | "Diego" de Melissa Silveira

DIEGO




SINOPSIS

Vanessa vive con su hermano Diego, quien tiene una discapacidad, y con su padre Antonio, un gitano de fuerte personalidad. La rutina feliz y bien engrasada de este trío está a punto de verse alterada por el despertar sexual de Diego. Mientras Antonio se enorgullece de iniciar a su hijo en una masculinidad viril, Vanessa se da cuenta de que su hermano prefiere a los hombres.


RESEÑA

Cuando un padre intenta “proteger” a su hijo de un futuro que teme, a veces no se da cuenta de que está construyéndole una prisión. Diego, el cortometraje debut de Melissa Silveira, empieza en un supermercado, un lugar tan cotidiano que casi nada extraordinario sucede ahí, y termina en una calle donde una familia juega a lanzar telarañas imaginarias “a la Spider-Man”, pero entre esos dos puntos, algo irreversible pasa.

Silveira es una artista autodidacta en esencia y, conociendo ese dato, uno puede saber por qué Diego se sienta vulnerable, pero nunca explotado; frágil, pero nunca trágico. Esto lo logra, además de con su gran talento, contratando a Sofian Ribes, un actor que realmente vive con una enfermedad degenerativa, y escribiendo sobre su propio hermano, Diego.

El cortometraje funciona a la perfección porque no está interesado en tu compasión. Está interesado en cómo la vulnerabilidad física, combinada con el despertar sexual, se convierte en una especie de lenguaje que esta familia descubre para decir lo que no se ha dicho en voz alta jamás. Silveira construye esto a través de precisión visual y un ritmo narrativo calculado de forma que cada elemento fílmico converge para revelar que el verdadero tema nunca fue la discapacidad en sí, sino la brecha infranqueable entre la intención y el efecto, entre proteger al hijo y permitirle que viva su vida.



Silveira insiste en no querer ser retratada como una cineasta de la discapacidad, pues ella misma ha dicho que le molesta que se filme a actores con discapacidad sólo para hablar de la discapacidad. Sé perfectamente de lo que habla, y tal vez por eso Diego me ha conmovido profundamente. Mi hermana es discapacitada, y es un alivio saber que la directora está interesada en la complejidad de una persona, independientemente de si es discapacitada o no. Reconozco que la gente discapacitada es vulnerable, pero en las manos expertas de Silveira, la vulnerabilidad se usa como prisma para hablar de poder.

Diego, de 20 años, con ataxia-telangiectasia, empuja un carrito de compras junto a su hermana Vanessa. Una mujer se le acerca pidiendo cereales. En Diego hay algo de ternura, y en Vanessa, comprensión, amor, vigilancia y la complicidad bufona que sólo los hermanos tenemos entre nosotros. Hay demasiado en la relación de ambos.

Y, hablando de Vanessa, que vendría siendo la historia de la misma Melissa, lo que estructura todo el cortometraje es la escalada de decisiones que toma sobre cuándo intervenir y cuándo no. Ella ve que su hermano, lentamente, está construyendo quién es. Y, en contraposición, el padre de ambos o no ve nada, o ve exactamente lo que quiere ver.

El coche es territorio de Antonio, el padre. Su música, la bravata y el español dominan el espacio. Bailan juntos, juegan entre sí. Es un hombre que ama a sus hijos, pero que ama más la idea de sus hijos. El ritmo doméstico es perfecto.

En una escena posterior, Vanessa intenta decir algo muy profundo cuando parafrasea la famosa frase: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, de Spider-Man. Es casi como si quisiera decir que Diego tiene un poder: el poder de querer lo que quiere; el poder de ser quien es.



El cortometraje merece ser visto para que estas palabras cobren efecto, pero lo que Silveira hace en Diego es mapear el ecosistema emocional de la represión: no es un filme sobre homofobia, sino sobre un padre que ama a su hijo, pero que ha construido toda una identidad alrededor de él para protegerlo, y descubre que proteger no es lo mismo que permitir vivir.

Antonio es gitano, es español, es grande y fuerte, pero también es bondadoso, baila con su hijo y no hay dudas de que lo ama. Sin embargo, Diego tiene una enfermedad degenerativa. Probablemente haya días en que sea menos ágil, menos capaz o menos presente. ¿Entonces qué hace el padre? Intenta meterlo a la fuerza en una heterosexualidad normativa antes de que sea “demasiado tarde”. Intenta darle una especie de virilidad compensatoria. Llena la habitación de pósters que retraten su idea de la masculinidad y le compra ropa que supuestamente le hará lucir como un hombre.

Vanessa sabe perfectamente lo que sucede: su padre está usando la virilidad como un andamiaje para su miedo. Tal vez no sea totalmente miedo a perderlo, sino a un futuro donde Diego esté solo, donde nadie lo quiera porque no encaja en ningún lugar.

Alguna vez leí un comentario en Facebook. Un hombre gay se defendía de insultos que la gente le escribía al argumentarle que “la homosexualidad no es algo natural, sino algo elegido… una especie de perversión aprendida”. Él, respondió: “¿quién demonios elegiría ser homosexual, sabiendo todo lo que puede llegar a sufrir en esta sociedad?”. No creo que sea un argumento científico, ni que la homosexualidad pueda explicarse a partir del sufrimiento, pero lo que sí creo es que esa frase me conmueve porque me hace pensar en algo mucho más sencillo: si realmente pudiéramos escoger aquello por lo que seremos juzgados, rechazados o discriminados, ¿quién escogería voluntariamente aquello que puede hacerle la vida más difícil?



Y con Diego he pensado en esa pregunta desde otra perspectiva: ¿qué pasa cuando, además de ser gay, eres una persona que vive con una discapacidad? Porque entonces parece que hay que enfrentarse a dos prejuicios distintos que, en ocasiones, terminan encontrándose en la misma persona: por un lado, crecer como una persona gay puede significar descubrir que hay personas que consideran incorrecta una parte fundamental de quien eres y, por otro lado, vivir con una discapacidad puede significar crecer en un mundo que te recuerda a cada rato aquello que supuestamente no puedes hacer.

Ambas cosas pueden mezclarse de una manera particularmente cruel. La sociedad no sólo puede preguntarte si tu sexualidad es aceptable. También puede preguntarse, sin siquiera tener la decencia de decírtelo a la cara, si una persona como tú puede ser deseada. ¿Puede enamorarse? ¿Puede tener una relación? ¿Puede ser independiente? ¿Puede ser alguien a quien otra persona mire y piense “quiero estar con él”?

Qué triste me parece esa última pregunta, porque siento que existe esta tendencia a “desexualizar” a las personas con discapacidad. Como si dejáramos de ser personas completas para convertirnos únicamente en aquello que nuestro cuerpo puede o no puede hacer. No quiero vivir en un mundo donde ser gay sea sufrir. Donde tener una discapacidad sea sufrir. Ninguna de las dos cosas, por sí mismas, debería convertir una vida en una tragedia.

Silveira escribió esto sobre su hermano Diego y para su hermano Diego. Es su hermano a quien ella intentó proteger, quien ella intentó educar, a quien ella intentó amar de una forma que su padre no sabía cómo. Dice: “el film es el único modo que encontré para hablar a mi papá, para decirle que, si su hijo es gay, eso no es un problema; lo importante es que Diego se sienta libre y orgulloso de él mismo”.

Diego es un cortometraje que me impresiona porque Silveira entiende perfectamente que es un filme no sobre discapacidad, sino con la discapacidad como textura; no sobre homosexualidad, sino sobre lo que sucede cuando el deseo choca con la preestablecida estructura familiar.

La escena final, donde después del caos la familia ser abraza y juega a ser Spider-Man, es donde el filme te dice su verdad final: la familia es alocada y su amor es ambiguo; Antonio no comprende al 100%, pero no abandona; Vanessa protege, pero no es mandona; Diego es vulnerable, pero no frágil.

Lo que Silveira construyó es una carta de amor a su hermano. Es la especificidad que se convierte en universalidad hecha cortometraje. No necesitar ser como Diego, ni ser gay, ni tener una enfermedad degenerativa para sentir el peso de lo que está ocurriendo en pantalla. Sólo necesitar haber estado alguna vez en un lugar donde el amor y la incomprensión coexistían.

Toda su arquitectura, desde el tranquilo inicio hasta la violencia contenida de Antonio, desde la vigilancia amorosa de Vanessa hasta la alegría sin filtros de Diego, converge en una cosa: la insistencia de Silveira de que quienes somos importa, de que todos merecemos una vida, no una versión reducida de ella, una vida en la que no tengamos que agradecer que alguien nos quiera: una vida completa.

“Sois fier, sois libre”, como dice Melissa.

 

REPARTO

Sofian Ribes, Malou Khebizi, David Ayala, Darya Sheizaf, Shafick Benmimoun, Angélo Garcia, Diego Cortes, Marie Mallia, Romain Le Du, Thomas Soria, Rachid Hafassa, Didier Cade, Théo Kerfridin, Sarah Peugeot, Raphael Fenoll, Pierre Lebailly

 

EQUIPO

Un film écrit et réalisé par Melissa Silveira

Produit par Bastien Daret, Arthur Goisset Mohamed, Robin Robles (Topshot Films), Clément Bancel et Eugénie Varela de Casa (Les Films du Crabe)

1er assistant réalisateur – Frédéric Dietz

Scripte – Marina Ortis

Directrice de casting – Anne-Lise Dubernard

2nde assistante réalisatrice – Chloé Mazuel

Coordinatrice d’intimité – Julie de Bohan

Coordinateur cascades – Loic Saintilan

Auxiliaires à la réalisation – Virginie Ribes, Laurence Côte

Directeur de la photographie – Jérémie Attard

1er assistant opérateur – Tom Houguenague

2nde assistante opératrice – Garance Lebras

Opérateur Steadicam – Nicolas Mariani

Chef opérateur son – Marius Vanmalle

Assistant opérateur son – Matti Sutcliffe

Chef électricien – Mickaël Niodo

Électricien – Robin Marc

Renfort électricien – Julien Ciancaleoni

Chef machiniste – Jordi Honoré

Machiniste – Morgane Bellanger

Renfort machiniste – Antonia Auday

Cheffe décoratrice – Valentine Dubus-Ventura

Assistante décoratrice – Margaux Coste

Machinistes de construction – Yann Marlot, Anthony Donnez

Peintre – Marie Masi

Accessoiriste de plateau – Dalil Ouali

Cheffe costumière – Elisa Ingrassia

Habilleuse – Suzanne Ajello

Stagiaire costumes – Marguerite Grandin

Cheffe maquilleuse – Astrid Haltebourg

Coiffeuse – Carole Pérez

Directeur de production – Thomas Aboulker

Coordinateur de production – Abdel-Hafid Cherrab

Secrétaires de production – Charles Tognet, Clara Boncorps

Stagiaire production – Anastasia Davydzenka

Stagiaire making-of – Rudy Sanna

Régisseuse générale – Lise Deshayes

Repéreur – Loic Pellissier

Régisseur adjoint – Lucas Ciamboletti

Régisseur-euse-s – Marc Mozzani, Anaëlle Dau

Renforts régie – Corentin Bilgorai, Maxime Daune, Steve James Vally

Monteur image – Grégoire Pontécaille

Assistante monteuse – Salomé Paquereau – M-Images

Monteur son – Yannis do Couto

Étalonneur – Thibaut Pétillon

Mixeur – Lionel Montabord