Reseña | "The Man Whom the Trees Loved" de Woodruff Laputka & Tehben Dean

THE MAN WHOM THE TREES LOVED



SINOPSIS

Durante unas vacaciones en una isla remota, Sophie intenta salvar su matrimonio con Dave. Sin embargo, a medida que él explora el bosque que rodea la casa, queda cada vez más fascinado por los árboles. Para Dave, son hermosos, inspiradores y radiantes; para Sophie, en cambio, empiezan a adquirir una presencia más oscura y posiblemente maligna, mientras ella lucha por evitar que el bosque se lleve a su marido para siempre.


RESEÑA

En 1912, Algernon Blackwood, escritor maestro del terror invisible, que fue incluso inspiración para Lovecraft, publicó Pan’s Garden, que contenía The Man Whom the Trees Loved. Leyéndole, podemos saber por qué se le conoce como pionero del horror naturalista, al ser prácticamente experto creando tensión psicológica sin recurrir a monstruos gráficos, enfocando el misterio en la relación hostil entre la salvaje naturaleza y el propio ser humano, redefiniéndola no como un escenario pasivo, sino como una fuerza consciente, viva y potencialmente devoradora, casi dotando a los árboles de una agencia y personalidad propia y fascinante.

El origen del largometraje basado en The Man Whom the Trees Loved es igual de interesante que su inquietante trama: Tehben Dean venía de terminar una gira de festivales con su película anterior y pasó por Florida a ver cómo estaba su amigo Woodruff Laputka, que estaba atravesando un divorcio complicado. La idea inicial era la de filmar un documental flotando por el río St. Johns, donde Laputka se crio, buscando recuperar algo de inspiración. Salieron a buscar una casa flotante para alquilar y, cosa rara para el Estado de Florida, no consiguieron ninguna. El padre de Dean entonces les recomendó hablar con un conocido que vivía en el río, y ese contacto los terminó llevando a una propiedad en Drayton Island que resultó ser la casa de la hermana de ese conocido. Apenas la vieron, sin buscarlo, apareció la idea: esa misma noche, Laputka propuso adaptar la historia de Blackwood que llevaba años queriendo llevar a la pantalla, y los dos sintieron que la historia y el lugar encajaban de una forma que no podían dejar pasar. Dos semanas de rodaje en mayo, entre garrapatas, caimanes y sin señal de celular.

En la historia de Blackwood, un matrimonio inglés y un bosque que quizás tiene voluntad propia son los protagonistas. En el largometraje de Laputka y Dean, también un matrimonio y un bosque se nos presentan, pero la historia está trasladada a un pedazo de tierra dentro del río St. Johns, en el centro de Florida, con setenta y tres minutos de duración, en formato 4:3 en blanco y negro con estallidos de color.

Y ya que hablo de eso, la primera vez que el color entra en pantalla, se te acelera el pulso, y eso que en la trama todavía no pasaba más que la introducción. Ese contraste resume muy bien lo que sentí con la película. ¿Pero cómo no?, si el color de Florida explota en pantalla y te hace partícipe de la fascinación que hay entre Dean y el entorno. Como bien dicen los directores, la naturaleza de Florida ya se siente como un organismo entero por sí sola, y se nota en cada plano. Su omnipresencia.

Las escenas en la casa están en blanco y negro, con la pareja moviéndose entre paredes claras y crucifijos que Sophie mantiene como si fueran un sistema de seguridad. Apenas Dave cruza un límite decisivo entre la casa y el jardín, entra el color, casi saturado hasta doler, y la cámara empieza a mirar para arriba en vez de hacia los costados. Es como si los árboles pesaran sobre los personajes, como si hubiese un techo más allá del de la casa, formado por las copas de los árboles.

Estuve escuchando a los directores, y la explicación de esa decisión me parece de lo más genial: el plan original era filmar todo en blanco y negro, punto. Monitorearon en el set con un filtro que les mostraba la imagen directamente en blanco y negro para poder encuadrar e iluminar en función de eso. El problema fue que, cuando apagaban ese filtro y miraban el material a color, la vegetación de la isla era tan intensa que les costaba justificar sacarla del corte final. De ahí nació la idea de usar el color exclusivamente para el punto de vista de Dave dentro del bosque, dejando el blanco y negro para la vida doméstica con Sophie. No fue una decisión de guion desde el principio, fue algo que se les impuso viendo el material. Podríamos decir que fueron los árboles mismos, lo cual es apropiado para la historia.



También armaron todo con luz natural, salvo un puñado de paneles LED para un par de efectos puntuales y las escenas nocturnas al interior. En una de las entrevistas bromearon con que tuvieron a Dios de gaffer, porque hay cambios de luz en la película, rayos de sol filtrándose en el momento correcto, nubes que se mueven, que fueron pura casualidad y terminaron usando porque quedaban perfectos para la escena. La toma de la garza blanca cruzando el plano es también un accidente, pero hubo más: mariposas y atardeceres inesperados.

El sonido acompaña todas esas sensaciones. Casi no hay música dentro de la casa, sólo chicharras y algún pájaro que se cuela por la ventana, como si el bosque ya estuviera adentro antes de que Dave decida ir hacia allá. Los directores contaron también que la meta desde el principio fue construir un bosque que funcionara como personaje sin caer en el “monstruo de ramas”, algo que hubiera sido más fácil de filmar pero que traicionaría por completo el tono de Blackwood. En eso lo lograron: no hay un sólo efecto digital de raíces moviéndose por su cuenta ni ojos entre las hojas, todo se construye con color, encuadre y ese sonido que no da tregua alguna.

Volviendo a la historia, un cambio que existe entre la película y el material original, es que en el primero no existe Sanderson, y más bien se combina con David Bittacy para crear a Dave: un pintor sin inspiración que de golpe encuentra su musa en la vegetación. Bittacy, en la historia original, es un exfuncionario forestal retirado y muy práctico que, de golpe, empieza a sentir que los árboles tienen personalidad propia. Sanderson es un tipo que pinta mal casi todo excepto los árboles, que salen de sus cuadros con una especie de temperamento único, como si cada roble tuviera cara propia. Bittacy se obsesiona primero con la pintura y luego con la idea de que los árboles efectivamente lo aman a él en particular. Sanderson es quien le confirma esa sospecha, y esa cercanía entre los dos hombres, es parte de lo que asusta. No es sólo el bosque lo que excluye a Sophie, sino también esa complicidad masculina que ella no puede compartir, aunque quiera. Esto simplifica el elenco y concentra todo en la pareja, aunque inevitablemente termina sacándole a la historia ese vértice que sostenía un poco la paranoia de Sophie. Sin Sanderson, ella queda sola frente a algo que no puede nombrar ni compartir con nadie, lo cual funciona muy bien dramáticamente. Vemos, de peor forma, los estragos de esa soledad.

En la película, también se sacrifica un último símbolo: el cedro. En la historia hay un árbol en el jardín que funciona casi como un centinela protector frente al bosque salvaje. A medida que avanza la historia, el árbol va perdiendo ramas, hasta quedar reducido a un tronco partido, en paralelo con el deterioro del matrimonio. Es un símbolo bastante básico y director, pero efectivo: el árbol cultivado, que representa lo doméstico, cae junto con la relación.



Hay algo más profundo que no se pierde, pero sí muta en el camino: en la historia de Blackwood, el terror no está en que David se obsesione con el bosque, sino en que el bosque le corresponda, que lo quiera de vuelta, y que ese cariño no tenga espacio para Sophie. No se trata de un hombre perdiendo la cabeza, sino de un hombre siendo elegido por algo mucho más grande que él, algo capaz de sentir celos. La película muestra muy bien la fascinación de Dave por los árboles, e intenta mostrar que el bosque también lo desea a él y ve a Sophie como un estorbo que hay que sacar el medio. Se vale de recursos como la desaparición de la mascota de ambos para atormentarla, del cambio repentino en el comportamiento de Dave e incluso sus noches de sonambulismo.

Defiendo los cambios que los directores decidieron hacerle al material del origen por el simple hecho de que, el cuento se sostiene en una erosión interior, casi imperceptible, pero la película necesita darle al espectador algo que ver, y ahí es donde entre el color explosivo, la cámara mirando hacia arriba y el sonido que se mete en la casa. Simplemente cambia la naturaleza del miedo, pero no reemplaza nunca ese silencio interior por un espectáculo visual, traicionando a Blackwood.

El guion, inteligentemente, no cierra la pregunta que hace grande la historia, es decir, si lo que vemos es sobrenatural o si es la cabeza de Sophia proyectando sus propios miedos sobre un marido que simplemente se está alejando de otra manera más terrenal. Ese gesto respeta bien a Blackwood, que tampoco resuelve del todo si Sophie es testigo de algo cósmico o si simplemente se está desarmando poco a poco en una casa aislada.

Avise Narey Parsons carga la película con la mirada: tiene una forma de observar que comunica más miedo que cualquier línea de diálogo. Es como si el miedo a estar fuera de lugar no lo actuara, sino que lo viviera. Es levemente incómodo y a la vez interesante saber que Laputka escribió y protagonizó todo esto mientras atravesaba un divorcio, y que la historia que eligió adaptar es, en el fondo, sobre un hombre al que algo más grande que su matrimonio termina llevándose. Es raro encontrarse con una obra tan personal disfrazada de adaptación de un cuento de hace más de cien años, y ese contraste entre lo íntimo y lo cósmico me hizo reflexionar bastante.



Laputka llegó a este proyecto en medio de un divorcio que, según cuenta él mismo, le hizo sentir que le estaban arrebatando lo que más quería en el mundo: su hijo. La inspiración para crear cualquier cosa, dice, se le había vuelto un eco lejano, algo tapado, casi inalcanzable, incluso para las cosas más básicas del día a día. Tomar precisamente esta historia, la de un hombre que encuentra en la naturaleza algo capaz de sacarlo de ese estancamiento, no es casualidad ni un simple gusto literario de adolescencia. Es, en sus propias palabras, una experiencia tanto de duelo como de sanación, de catarsis… la verdad que venía buscando a través del arte, en lugar de por el lado de la autodestrucción. Esa honestidad se filtra en cada escena de Dave perdido entre los árboles, y es lo que termina haciendo que la película funcione en dos registros a la vez: es un homenaje sincero a Blackwood, sí, pero es también, y quizás sobre todo, una reflexión personal sobre perderse del todo y, de a poco, encontrar la propia voz otra vez.

Con todo esto sumado, y viéndolo en conjunto, lo que más me queda es que ninguno de los cambios funciona como traición al material original. Cada uno resuelve un problema real de adaptar un texto de más cien años a setenta y tres minutos de cine, y cada uno, a cambio de lo que sacrifica, le da a la película algo que el cuento no tenía: un artista bloqueado en vez de un funcionario retirado, una pareja completamente sola frente al misterio en vez de dos hombres compartiendo un secreto, un deterioro que se ve en el comportamiento en vez de leerse en un árbol partido… Es una película hecha con gran cuidado visual y sonoro que pocas veces se ve en un rodaje experimental, filmada en locaciones difíciles, con decisiones de cámara pensadas de verdad y con la humildad de dejarle lugar al accidente cuando el accidente resultaba mejor que el plan. La terminé de ver queriendo volver a verla, y con ganas de que Laputka y Dean terminen su próximo proyecto pronto, porque si esto lograron con dos semanas y una isla sin señal, no me quiero perder lo que hagan después.

 

REPARTO

Avise Narey Parsons & Woodruff Laputka

 

EQUIPO

A WoodTeb Production

Directed by Woodruff Laputka & Tehben Dean

Written by Woodruff Laputka

Based on the story by Algernon Blackwood

Produced by Tehben Dean

Original Score by Patrick Beaulieu-Hardin

Post Sound Mix & Additional Composing by Nathaniel Stoll

Edited by Woodruff Laputka & Tehben Dean

Camera – Tehben Dean

Distributor – Antenna Releasing